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Crónica de la primera jornada del Festival Cruïlla

Nuestra jornada en el Festival Cruïlla Barcelona empezó con el concierto de CocoRosie en el escenario Paypal. Las hermanas salieron puntuales, ataviadas con pelucas y modelitos de lo más estrambóticos. Y se podría pensar que por su atrezzo un tanto exagerado, CocoRosie son todo fachada, pero nada más lejos de la realidad.

CocoRosie

CocoRosie, ataviadas con sus mejores galas.

En algún momento del concierto, creíamos que teníamos a verdaderas sirenas encima del escenario, cantando con unas voces que no parecían de este mundo. Y aunque las hermanas Cassidy se compenetran bien, era Coco la que otorgaba más espectáculo, rellenando los huecos menos entretenidos del set danzando con movimientos más propios de una muñeca superelástica que de un ser humano. Sin embargo, ellas no se llevaron todo el protagonismo, también dejaron que su amigo Tez se luciera con un set de beatbox que quitaba el hipo, que no por nada le llaman “the human beatbox machine”.

Nuestra siguiente parada fue el magnífico Jamie Cullum. Y si decimos que al niño bueno del jazz le bastó cinco minutos para enamorarnos, no estamos exagerando. Asistir a un concierto de Jamie Cullum es como recibir una invitación al laboratorio de un científico loco de la música: experimenta, improvisa y juega con ella, sin apenas darse un respiro entre canción y canción, sin tener nunca suficiente.

Jamie Cullum se da un baño de masas.

Jamie Cullum dándose un baño de masas.

Así acaba, cansado y sudoroso, pero con la certeza de que aún puede dar más de sí. Cuando la banda abandonó el escenario, él se quedó solo al piano, jugando con el público, haciendo que le hiciera los coros e improvisando canciones. Entre ellas, esta que dedicó a los festivaleros del Cruïlla:

Se salió del horario y siguió tocando casi quince minutos más después de la hora oficial hasta que volvió a sacar a la banda una vez más para dar por finalizada la actuación. Aun así estamos seguros de que él, al igual que nosotros, se quedó con ganas de más.

Después le tocaría el turno a Of Monsters And Men, de los que tenemos que destacar su absoluta profesionalidad, puesto que su bajista se encontraba en el hospital y aun así siguieron adelante con el concierto. Eso sí, veinte minutos más corto de lo que debería haber sido. Optaron por tocar en su mayoría canciones del primer disco, aunque también sonaron canciones del último, como su single Crystals. Los isladenses suenan bien en directo, transmitieron mucha energía (a pesar de las circunstancias) y resultaron, por qué no decirlo, adorables como siempre.

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Actuando de negro, pero aguantando el tipo.

A las once menos cuarto de la noche, puntual como el que más, llegó el señor Kendrick Lamar. Es cierto que con su concierto consiguió trasladarnos a las calles de Los Ángeles, pero también es cierto que nos dejó algo desencantados. Kendrick es un showman nato, pero parecía que ayer no estaba disfrutando de su actuación, no al cien por cien. Es posible que el hecho de que gran parte del público no fuese un fan acérrimo del estadounidense tuviera algo que ver, o puede que sus recientes declaraciones sobre su depresión en la revista Rolling Stone sean ciertas. Igualmente, el de Kendrick fue un concierto correcto, en el que el cantante convirtió al público de Barcelona en sus “homies” y repitió en numerosas ocasiones que volvería, quizás para dar más de sí.

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Kendrick nos trajo el hip hop de Los Ángeles.

A las doce llegó la gran sorpresa de la noche con The Cat Empire. No dudábamos que The Cat Empire pudiese tocar tan bien en directo como suena su disco, pero lo que no sabíamos es que podían dejarnos tan estupefactos como nos dejaron ayer. En su setlist ofrecieron una mezcla de reggae, ritmos africanos, jazz, música de los Balcanes y ska tocada con un torrente de energía y de talento, mucho talento. Pero sin duda alguna, la clave de su éxito residió en uno de sus miembros: Harry James Angus. Trompetista, cantante y showman que desde ya podemos decir que ha nacido para estar en un escenario. The Cat Empire nos dejó agotados de bailar, pero con adrenalina suficiente para comernos el mundo.

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Harry James Angus: trompetista, cantante y showman.

Y después del subidón vino el pinchazo. Sí, Capital Cities decepcionó, y mucho. La energía y buen rollo que transmiten sus canciones no se traspasó ayer a través del dúo, que parecía estar almidonado en el escenario alternando el playback con el directo, de por sí bastante plano. Trataban de animar al público hablando en español, pero diciendo las cosas equivocadas: “Españoles, os acostáis tarde, cenáis a las diez de la noche…” En fin, sin comentarios. Lo único que destacó de su concierto fue su trompetista, Spencer Ludwig, que además de tener un pelazo, toca como los ángeles.

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Ludwig Spencer, un magnífico trompetista.

Y esa fue nuestra jornada en el Festival Cruïlla Barcelona, ¿estás de acuerdo con nuestra crónica? Deja un comentario y dinos que opinas. Más vídeos de la jornada en el canal de Youtube “No Submarines” y más fotos en nuestro Instagram (@nosubmarines).

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