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Crystal Fighters y Florence + The Machine arrasan en el FIB

Como muchos ya sabréis, el equipo de No Submarines ha viajado hasta Benicàssim para hacer un seguimiento de su festival internacional de música. Y, aunque muchos ya llevan varios días en el camping, el FIB dio el pistoletazo de salida ayer con dos actuaciones más que destacables en el escenario principal Las Palmas: Crystal Fighters y Florence + The Machine.

Crystal Fighters – Escenario Las Palmas – 23:20

Nadie puede negar que las canciones de este grupo londinense saben a verano y derrochan positividad, una combinación que no podría ser más perfecta para un festival como el de Benicàssim, donde además de disfrutar de la música, los asistentes no esperan otra cosa que pasárselo bien. Y hacer eso posible era la única intención de Crystal Fighters, que ayer fueron defensores del “buenrollismo” y el amor al prójimo. De hecho, como introducción a Love Natural el propio Graham (guitarrista y uno de los fundadores del grupo), invitó a todos los presentes a mirar a su izquierda y a su derecha y a que le dieran un abrazo a la persona que tuvieran a su lado. Además, aunque pasaron un poco de puntillas, dedicaron unos segundos a recordar a Andrea Marongiu, antiguo batería del grupo que falleció el año pasado, y presentaron a su sustituto.

Casi todos las canciones que tocaron fueron recibidas con gritos de entusiasmo por parte del público, excepto una balada a la guitarra ofrecida por Sebastián, que no hizo otra cosa más que resaltar los defectos de su voz, que sin el envoltorio que le ofrece el resto de los miembros del grupo, suena disacorde y nada armoniosa. Y hablando de envoltorios, Mimi no hizo otra cosa más que eso, ofrecer un bonito envoltorio para el grupo. Ayer, la cantante hizo poco más que cantar los coros y bailar al ritmo de la música con poco salero. Su momento estelar fue la interpretación de I Love London, que aunque tenga poca cosa que hacer, oye, lo bordó.

Definitivamente, Crystal Fighters saben cuáles son los botones que tienen que pulsar para desatar la euforia del público, repartiendo con astucia todos sus grandes hits por la setlist. Así pues, dieron un concierto lleno de energía donde I Love London, Love Natural y You And I fueron los momentos culmen.

Florence + The Machine – Escenario Las Palmas – 01:00

Con los cinco minutos de retraso de rigor, Florence Welch entró al escenario ataviada con una blusa semitransparente y pantalones de color blanco, totalmente descalza y con una sonrisa en los labios. Así empezó un concierto que dejó el listón muy alto para los demás cabezas de cartel del festival.

Aunque tenía que promocionar su último disco, no se limitó a cantar canciones de este álbum, sino que satisfizo las expectativas de sus fans más acérrimos e incluyó en su setlist una larga selección de sus mayores éxitos, como Shake It Out o Dog Days Are Over. Aprovechó What Kind Of Man para bajarse del escenario y acercarse al público, que la agarraba de donde podía: la blusa, el pelo, las manos… Todos querían un pedazo de la cantante, pero hubo un fan afortunado en la primera fila que debió pensar que estaba soñando cuando la cantante se apoyó en la valla de seguridad y tonteó con la idea de besarle, acariciándole la cara mientras cantaba “what kind of man loves like this?”, pero no, finalmente no hubo beso. Aunque sí que hubo abrazo, pero provino de una niña que llevaba un cartel pidiéndole eso mismo a la cantante, un abrazo. Welch aprovechó un descanso entre canciones para decirle a uno de los miembros de seguridad que le permitiese subir al escenario. Acto seguido, la niña subió las escaleras corriendo y abrazó a la cantante con todas sus fuerzas, lo que despertó un aplauso y vítores del público.

El concierto de Florence + The Machine nos deja con varias imágenes para el recuerdo, pero es especialmente difícil que vayamos a olvidar la imagen de la cantante al borde del escenario con los pies descalzos, cantando con la mirada fija en el infinito. Aunque precisamente por comportamientos como este, algunos de los asistentes comentaron que parecía que Welch se había tomado algún estupefaciente o sustancia similar. De eso no sabemos nada, pero lo que sí sabemos es que todo, desde la corona que llevaba, hasta sus movimientos tan propios del tai chi como del ballet, nos invitaba a pensar que estábamos viendo a un ser etéreo que en cuanto nos despistásemos desaparecería sin dejar rastro.

Ahora que la hemos visto actuar en directo, nos es difícil discernir cuál es la verdadera Florence: la introvertida y tímida que aparenta ser cada vez que dedica unas palabras al público, con voz dulce y tenue; o la fuerza de la naturaleza que se desata en canciones como Shake It Out y que se mueve por el escenario como si fuese a comerse el mundo. Quizás en eso consista la magia de Florence, y quizás por eso sea tan fácil conectar con ella, como adorarla cual diosa.

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