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Día 1 del Festival Hard Rock Rising: ¡Mucho Hard Rising y poco baile!

Lo que vivimos el viernes en el Festival Hard Rock Rising nos hizo plantearnos una duda existencial: ¿cuánto depende del público que un buen concierto sea un gran concierto? La única forma de explicar lo que presenciamos en el concierto de Vetusta Morla y Lenny Kravitz es que se repartieran Xanax con las entradas. Está claro que la gente iba a ver Kings of Leon y se habían presentado a los otros dos conciertos como un extra. Sin embargo, eso no acaba de explicar la escasa reacción, por no decir prácticamente nula, que recibieron ambos artistas por parte de los asistentes.

Vetusta Morla

Vetusta Morla

Los madrileños cambiaron un poco su setlist habitual e iniciaron el concierto con Los días raros, canción con la que suelen cerrar el repertorio. Desde el principio se notó que el cansancio y el ritmo frenético de la gira habían mellado la voz de Pucho, que hacia la mitad del concierto se tocaba ya la garganta, como señal de que no daba más de sí. Sin embargo, tiró de las pocas fuerzas que le quedaban y, cantando con más rabia que nunca, consiguió seguir con el concierto. Lo cual hizo un poco más insultante que no hubiese reacción alguna por parte del público, excepto algunos brazos en el aire (los nuestros incluidos) y un par de gritos. Quizás el bochorno en el que estaba impregnada la ciudad ese día no ayudó mucho, ya que tanto el público como los integrantes del grupo estaban sudando a borbotones debido al calor. El mismo Pucho hizo mención a esto antes de pasar a la última canción, El hombre del saco: “A ver si el bochorno os deja mover el esqueleto aunque sea un poquito de más” y, ante la impasividad de los espectadores, colaba la siguiente frase en medio de la canción: “¡Mucho Hard Rising y poco baile!”. Rabietas aparte, el público despertó de su letarago al final para despedir a Vetusta Morla con un sonoro aplauso. Qué menos.

Lenny Kravitz

Lenny Kravitz

A Kravitz también le tocó sufrir la impavidez del público. Repasó todos los trucos del libro para hacer que los espectadores reaccionasen: dio palmas para que le acompañasen, intentó que coreasen un estribillo fácil con él, movió los brazos de izquierda a derecha para que la masa lo imitase… Nada, no sirvió de nada. Hasta que el cantante se hartó y se quitó las gafas de sol, mirando inquisitivamente al público y se bajó del escenario para darse un garbeo por el foso. En un momento gritó “Come on! Give me your love!” y solo se oyeron un par de grititos entre el público. Así que cuando Kravitz se disponía a despedirse con sus últimas dos canciones: Fly Away y Are You Gonna Go My Way y los asistentes por fin despertaron, dando saltos y cantando a pleno pulmón con el estadounidense, es normal que el cantante sonriera asistiendo con la cabeza, como si pensara “¡Por fin!”.

Por otra parte, uno podría pensar que siendo la estrella que es, Kravitz haría que en su espectáculo él tuviese todo el protagonismo, pero nada más lejos de la realidad. Un concierto de Lenny Kravitz es también un concierto de los músicos que lo acompañan, ya que les deja un tiempo bastante dilatado para que cada uno de ellos se luzca con sus solos. Es normal que aproveche el material que tiene, no en vano lo acompaña por ejemplo una de las mejores baterías del mundo, Cindy Blackman. Además, lleva un trío de coristas que harían resucitar hasta los muertos con sus movimientos de cadera.

Kings Of Leon

Kings Of Leon

Y por fin llegó el grupo más deseado de la noche. Kings of Leon entraron sin presentarse y fueron directos al grano. Sin embargo, después de la tercera canción, en medio de la gran ovación del público, el cantante exclamó “¡Muchas gracias! ¡Sois geniales!” Algo en su tono de sorpresa nos hace cuestionarnos si Kravitz al salir de su concierto no les avisó de que tenían por delante un público difícil y se llevaron una sorpresa al recibir tan buena acogida. La verdad es que lo único que podemos destacar de Kings of Leon es su dominio de las guitarras, que no llega al de Kravitz ni por asomo, pero sigue siendo destacable y la portentosa voz de Caleb, que le hizo falta poco para tener al público comiendo de su mano. La sorpresa de la noche vino con la lluvia en las tres últimas canciones. Sin embargo, apenas abandonaron tres personas el barco, el resto siguió en su puesto, cantando Use Somebody y Sex On Fire bajo la lluvia en un apoteósico final.

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