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Dodge and Burn: Nuevo álbum vicioso y consistente de The Dead Weather tras 5 años de parón

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Lo bueno de los supergrupos es que son la mezcla perfecta, que ya sabemos que nos van a gustar incluso antes de escucharlos. The Dead Weather junta a Jack White (The White Stripes), Alison Mosshart (The Kills), Dean Fertita (Queens of the Stone Age) y Jack Lawrence y (The Raconteurs), una mezcla que nunca puede salir mal. Juntos forman una combinación que surge en 2008 y que tras 5 años de parón y de que White nos anunciase en 2013 que estaban preparando nuevo material, sacan un nuevo disco.

En Dodge and Burn continúan con su sonido mezclando garage, blues, rock and roll, y acercándose también al punk. La voz de Mosshart encaja elegantemente en esta mezcla psicodélica de rock mientras que los coros y apoyos de la característica voz de White cierran el círculo para que la música fluya pasando por cada uno de los miembros del grupo.

Con su primer disco Horehound (lanzado en 2008) escuchábamos un álbum al que le faltaba cohesión, pero con otro disco de por medias y 6 años más tarde vemos un grupo que crea un enlace perfecto entre todos los talentos de sus miembros. Con White sentado detrás a la batería, el centro de los focos es Mosshart, quien hace de perfecta anfitriona.

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El álbum abre con I Feel Love (Every Million Miles) un single que, aparte de mostrarnos de primeras el poderío de la voz de Alison, nos enseña la punta del iceberg de letras negras, agresivas y rebeldes con las que esta banda de Tennessee nos traslada a la América más oscura. Pasando por Open Up, Buzzkill(er) o Let Me Through continuamos la ruta de sonidos viciosos y sólidos encontrándonos con la alternante Three Dollar Hat que trae la parte más psicodélica con el personal toque de Jack White, mientras la voz de Mosshart da los golpes más fuertes. En Be Still, Jack Lawrence y sus seis dedos, tal y como muestra la portada del disco, rasgan las cuerdas para darnos un sonido distorsionado con un riff más propio de las seis que de las cuatro cuerdas, pero que viniendo de él y su mano con el bajo no nos sorprende. Cierran el álbum con The Impossible Winner, una canción de ritmo lento y letra melancólica que deja con un buen sabor de boca.

La química de la banda llega a su punto álgido cuando suenan en directo, donde los dos cantantes se funden en uno para crear un férreo, pero a la vez suave y sensual flujo de voces y matices que agarra todos los sonidos producidos por el resto de los instrumentos y los une para lanzarlos agresivamente hacia el público. La batería itinerante, la mayoría de veces apoderada por White (que hace un magnífico trabajo), otras por Lawrence y otras custodiada por la misma Mosshart, hace que el grupo se renueve en cada canción.

No mercy shall be given me down in Tennessee es lo que nos anuncian ya en la segunda canción del álbum y actúa como sinopsis perfecta de lo que nos espera después, el bloque de hierro de riffs, voces penetrantes, letras desobedientes y ritmos consistentes que forjan este disco.

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