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La promesa: un superficial y frío esbozo de la pasión

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¿Qué ocurre cuando el destino te separa de tu alma gemela durante más de ocho años y lo único que os enlaza son dos simples palabras: “por siempre”? Bajo esta premisa se construye La promesa, uno de los últimos títulos dirigidos por el director francés Patrice Leconte. Basada en la novela de Stefan Zweig, Viaje al pasado, la historia nos narra la vida de Friedrich Zeitz, un joven ingeniero graduado, y la relación amorosa con la mujer de su jefe. De telón de fondo, una Alemania de la Primera Guerra Mundial.

El guión, en principio bien construido, consigue mantener la atención durante la primera parte de la película a partir del proceso de enamoramiento. Sin embargo, en su conjunto, la superficialidad de la historia hace que la película pierda todo el interés inicial. No se profundiza en los dramas, los pensamientos, ni siquiera en explicar el cómo y por qué nacen los sentimientos delante de nuestros ojos, más allá de una simple atracción física. De hecho, todo parece quedar entre un drama de camas al estilo Madame Bovary y un turbio romance firmado por las mismas hermanas Brontë. Eso sí, sin llegar a ser ni uno ni otro.

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Dentro del elenco de protagonistas, cabe aplaudir la siempre notable presencia de Alan Rickman (Harry Potter, Love Actually, A Little chaos), como Karl Hoffmeister, junto a la actriz que juega el papel de su mujer: Rebeca Hall (El truco final, Vicky Cristina Barcelona, Iron Man 3). Ambos sobrepasan con creces unos papeles que consiguen hacer suyos hasta deslumbrar por encima del resto de elementos. Todo lo contrario ocurre con el protagonista, encarnado por Richard Madden (Juego de Tronos). Su actuación resulta igual en los momentos de alegría, tristeza, amor y pasión, consiguiendo como resultado dejar al espectador tan frío como un témpano de hielo.

En su conjunto, la película puede resultar en algunos puntos caótica por la mezcla de planos clásicos y tipo documental, estos segundos como una forma de emular el punto de vista del joven Zeitz. Esto resulta un soplo de aire fresco y un perfecto acompañamiento de la agradable banda sonora, compuesta por Gabriel Yared. Sin embargo, La promesa no consigue reflejar la pasión desazonada y el sentimiento de amor que exige el guión. No existe una verdadera conexión entre sus protagonistas y en lugar de un romance parece que nos encontramos ante una relación de amistad un poco pasada de rosca.

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