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Slow West: El oeste ya no es lo que era

El escocés John Maclean, ex-integrante del grupo The Beta Band, reconoce que siempre sintió más atracción por el tema visual que por el musical. Su formación como realizador parte de la escuela de los videoclips: “Trataba de contar pequeñas historias con cada videoclip. Para mí son como cortometrajes. Algunos son bastante tontos, pero me sirvieron, por ejemplo, para aprender a rodar acción.”

Maclean debuta en el largometraje con este particular western protagonizado por Michael Fassbender y Kodi Smit-McPhee. “Quería hacer un western fresco. Además, siempre he querido rodar bosques. Para mí hay pocas cosas más cinematográficas que dos tipos vestidos de vaquero en un bosque.” Escrita por él mismo, la película se presentó a principios de año en el Festival de Sundance, donde se hizo con el Gran Premio del Jurado del Cine Internacional.

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Michael Fassbender y Kodi Smit-McPhee son Silas y Jay, mismo camino, distintas intenciones.

Sinopsis: Jay (Kodi Smit-McPhee) es un joven aristócrata escocés que llega al viejo oeste americano del sigo XIX en busca de la mujer que ama; en el camino se cruza con un misterioso y tramposo forajido (Michael Fassbender) que se ofrece a acompañarle en su aventura. Pronto descubrirán que no son los únicos tras el rastro de la joven amada… y de la recompensa sobre su cabeza.

Slow West arranca prometiendo muchas cosas. Un chico indefenso y de aspecto vulnerable, con un caballo y una brújula cruzando territorio americano en dirección al oeste. En ese inicio se intuye cierta oscuridad, que se queda en eso, en una simple intuición. Con la entrada del personaje de Fassbender, hay un viraje hacia el color y todo se vuelve más fácil. Y las promesas se hacen añicos.

Formalmente, no se aprecian fisuras en la cinta: la estructura está bien armada y la historia bien contada, no hay cabos sueltos. El principal problema está en el fondo, en las buenas intenciones. Maclean comete el error de cuidar en exceso a sus personajes, los trata más como lo haría una madre que como debería hacerlo un guionista. Aparecen obstáculos durante su travesía, pero resultan insustanciales, disminuyendo además la potencia de la historia en lugar de incrementarla.

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Ben Mendelsohn es Payne, el líder de una banda de cazarrecompensas.

El ejemplo que mejor refleja el problema de la escritura de los personajes es el de la banda de cazarrecompensas que encabeza el siempre solvente Ben Mendelsohn. Villanos que sólo se comportan como tal durante el tercer acto. El conjunto, protagonistas y antagonistas, se deduce endeble, y por ende, lo mismo sucede con su enfrentamiento.

Maclean se guarda todas las cartas para el final, la parte más pensada en apariencia y la que mejor funciona, pero aún con ese clímax, la película deriva hacia un lugar complaciente. Una ópera prima suficiente en cuanto a lo que es, pero insuficiente en base a lo que podría haber sido.

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