Crónicas de conciertos, música
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Toc, Toc, ¿se puede? Bienvenido al sonido Beach House

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Érase una vez, un chico y una chica de Baltimore que buscaban un lugar donde fabricar música. Un lugar donde disfrutar de los sonidos, invadido de palabras y notas, un lugar radicalmente no convencional, un lugar abierto y libre, para compartir aquello que solo ellos saben hacer. Alex Scally y Victoria Legrand comenzaron entonces el proyecto de construcción de Beach House. 2004 fue el comienzo y tras dos años de intenso trabajo, cimentaron el primero de los peldaños con su primer disco: Beach House, al que siguieron Devotion (2008), Teen dream (2010) y Bloom (2012), escalones en continua ascensión para llegar hasta Depression Cherry y Thank You Lucky Stars, ambos engendrados durante el 2015.

BARCELONA. 20.11.2015 Concierto de BEACH HOUSE en la Sala Apolo. FOTO FERRAN SENDRA

Defendiendo su autonomía creadora y la anarquía respecto a cualquier norma, presentan en su gira europea su personalísimo proyecto, una inmersión dentro de nuevos sonidos que modelan sin pudor las más íntimas emociones. Música para ser escuchada varias veces, filtrando las capas más subterráneas de un sonido suave pero denso, algodonoso pero preciso, delicado y único. Órganos y teclados analógicos, eliminando beatboxes, slides acariciadas, con texturas sonoras aterciopeladas, tonalidades opacas y el Teatro Sá da Bandeira a sus pies. Y por encima, sobrevolando, como alas invisibles que rozan la piel, la voz de Victoria, entre sensual y lánguida, tímida y misteriosa, con premeditada pereza y artificial misticismo.

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Después de haber tenido una desbordante acogida en Madrid y Barcelona, llegan a Oporto para presentarnos sus dos últimos trabajos. Comienzan a sonar temas del disco Depression Cherry como Levitation y Spark, y nuestros sentidos se ponen en alerta, impregnándose de diferentes capas musicales yuxtapuestas. Temas como Space Song provocan un leve y constante latido, incorporando poco a poco elementos preciosistas y elegantes. Su música nos envuelve primero, para destaparnos después. Riffs de guitarras crecientes, unidos a la voz nívea y sugerente de Victoria, voz que se cuela por detrás de la nuca para hacernos estremecer en temas como PPP o en Wildflower, uno de los cortes más intensos en el que desearías poder congelar ese momento, cargado de energía emocional. Thank You Lucky Stars sigue provocando escalofríos al ser escuchado; un disco con grandes temas que nos traspasan y se convierten en surcos auditivos, tenues y frágiles, pero a la vez resistentes como la tela de araña que Beach House teje con sus notas. She’s So Lovely, One Thing o Rough Song se adentran en terrenos más espirituales, nocturnos, casi góticos, canciones con un aura de irrealidad y fantasía que nos invitan a viajar a un mundo aparte en el que sintetizadores y guitarras viven en armonía, con sonidos que han sabido crecer y expandirse sin traicionar sus raíces minimalistas. Acompañados en esta gira por una guitarra adicional y una delicada percusión con sonidos metálicos y chispeantes, el concierto nos dejó joyas musicales de sus anteriores trabajos que el teatro sin pudor coreó como Walk in the park, Norway, New Year, Irene, Myth y Wild durante dos horas y donde Victoria agradeció la calidez de un público que aclamó insistente que volvieran de nuevo al escenario.

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Era sencillo compararlos con grupos míticos como Galaxie 500, My Bloody Valentine, Cocteau Twins, Spiritualized o toda la corriente dream-pop más melancólica, como Lycia y Ultra Vivid Scene, pero ahora Victoria y Alex han conseguido un sonido propio, y eso es algo infinitamente complejo e inmenso a la vez. Armonías basadas en la sencillez de construcción, con pocos elementos elegantemente escogidos y una música alejada de ser pretenciosa que busca horadar la parte sensible que solo busca enamorarnos de su sonido y que nos enamora.

Inmenso aplauso silencioso desde esta crónica para una banda totalmente consciente de exactamente dónde están y de exactamente lo que están haciendo a cada paso. Una banda que evoluciona sin perder su alma. Y colorín colorado, esta historia de cerezas, estrellas, depresiones y casas en la playa… por suerte, no ha terminado.

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