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Star Wars vuelve a ilusionarnos de nuevo

Después de un año desde el anuncio de la continuación de los episodios de la saga y después de 10 desde la proyección del último episodio de la trilogía “precuela” de Star Wars, el tiempo y las ganas se aglomeraban la noche del jueves al viernes 18 de Diciembre en las puertas de todos los cines que proyectaban la nueva película del universo creado por George Lucas, esta vez capitaneado por JJ Abrams (Perdidos). Y así, sin la fanfarria de Fox (a la que nunca volveremos a ver encabezando Star Wars) pero sí con la fanfarria de John Williams y con muchos, muchos, muchos nervios en la sala, arrancaba la proyección -fenómeno fan- más esperada de la semana, del mes, del año y posiblemente de la década, Star Wars: el Despertar de la Fuerza.

No era fácil la tarea para JJ Abrams, y mucho menos tras los inciertos halos de esperanza que sobrevolaban la saga después de las 3 últimas entregas (I, II, III) que dejaron a los fans entre la rabia que provoca el pastiche cutre y el dolor de la pérdida de ese espíritu que nos enamoró a todos una vez tiempo atrás. El miedo de esta nueva entrega se olía desde el anuncio de la misma, pero hoy por hoy podemos decir que estamos de suerte: expectativas superadas con creces, Jota Jota.

Rey

El mismo JJ Abrams que nos ha dado algunos de los personajes más míticos de la televisión, hace un fantástico ejercicio en Star Wars, cuyo primer punto fuerte es el de la natural y carismática relación de los personajes principales. Con un Oscar Isaac un tanto desaprovechado (¿o es que nos queda algo por saber de él en próximas entregas?), la relación estrella de la película corre a cargo de una maravillosa y fuerte Daisy Riley, junto a un John Boyega en un papel que le viene como anillo al dedo: graciosete, sensiblón, stormtrooper retirado, ‘panoli’ y total y absolutamente adorable. Y de creaciones adorables, Star Wars sabe un rato; por eso ha llegado hasta nosotros ese robot esférico llamado BB-8 que acaba de rellenar sobradamente (y sin mediar palabra) los pequeños agujeros que faltaban para que El Despertar de la Fuerza recuperase ese espíritu mucho más cercano a cualquiera de las tres primeras obras de la saga. Junto a ellos, recorren la galaxia los ya habituales Han Solo, Chewbacca, Leia, C3PO, R2D2 y uno de los personajes cuya creación y evolución es de lo más interesante que le ha pasado a Star Wars: Kylo Ren, el más que digno sucesor de Vader con una lucha interna de lo más interesante. Star Wars ha vuelto más familiar que nunca, con todo lo que ello implica.

Han-Solo-Chewbacca

Pero no solo en el trabajo de unos personajes exquisitos reside la ‘standing ovation’ hacia JJ Abrams, y es que si de algo está llena Star Wars es de secuencias de esas en las que uno piensa que la película está encantada de haberse conocido. Prueba fehaciente de este hecho es la primera aparición del Halcón Milenario, que acarrea consigo una de las secuencias más fuertes, espectaculares y técnicamente perfectas que hemos visto en toda la saga de películas de Star Wars hasta la fecha. No podía ser de otra manera. De algo no hay duda, y es que JJ Abrams sabe que tiene entre manos un juguete carísimo y le encanta. Para gusto y disfrute de los demás, por suerte, porque las historias base que han movilizado el mundo de Star Wars desde sus inicios siempre han sido más bien sencillas y cualquier paso en falso hubiera podido truncar la ilusión de los miles de personas que esperaban esta película. El Despertar de la Fuerza no cambia los patrones de su hechura, y así, de la mano de los citados personajes nos vemos en la aventura que supone encontrar a Luke Skywalker, el último Jedi retirado que ha huido del mundo y se refugia en un lugar secreto.

Autoconsciente de su mitología y de su potencial, la película se crece por momentos y no deja atrás la idea de su importante labor como traspaso generacional. Y es que Star Wars: El Despertar de la Fuerza funciona a todos los niveles como mirada al pasado pero siempre con la intención puesta en el futuro. En ese sentido, no se hubiera podido rodar un plano que significase tanto como ese último plano final de la cinta: la confrontación del pasado y del presente, unidos por el futuro. Para el futuro. Un plano que rezuma emoción por todos los costados, que habla sin hablar y que te teletransporta directamente a la trilogía original. Y es que los niveles de autorreferencia de la creación de JJ Abrams no son más que otra muestra de que hay un fan detrás de la cámara y disfrutando como un enano. Y, dejando de lado las variopintas referencias cinematográficas externas a Star Wars que saltan a la vista en la cinta, El Despertar de la Fuerza funciona tan sumamente bien precisamente porque se ha sabido respetar a sí misma, recuperando aquella fórmula clásica que hizo de la trilogía original lo que todos queremos que sea esta nueva: unos personajes perdidos, huérfanos, una búsqueda personal, una lucha por encontrar el equilibrio y el lugar de cada uno. El eterno viaje del héroe. Y un significativo toque de humor. Esa magia galáctica de las tres primeras películas ha vuelto y, sinceramente, esperamos que haya vuelto para quedarse.

StarWars

No. El Despertar de la Fuerza no es la mejor película de la saga pero tampoco lo intenta ser, y sin quererlo, supera a la trilogía de los 2000. A veces te das cuenta de que el cine de sagas funciona mejor cuando actúa más como homenaje que como novedad. Y en ese sentido, Star Wars: El Despertar de la Fuerza es, sin ningún tipo de duda, la película que los fans necesitábamos.

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