Crónicas de conciertos, música
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Al ¡Tran, Trán! Y a la ¡Impro, Impro!

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Palacio de la Prensa, 16 de enero de 2016

Ese es el grito de guerra del quinteto de improvisadores, actores, músicos y fenómenos que componen Al Tran Trán. Si nunca has ido a una Impro, este es tu momento. Y si has ido, ¿a qué esperas para repetir?

La estructura de estos espectáculos normalmente es la misma, sabes que hay cosas clave que se harán, lo que no sabes es el cómo se harán porque ahí radica el quid de la cuestión de la improvisación: el público y sus alocadas propuestas para que la compañía haga lo que pueda con lo que tú les propones. Y como ya sabemos: cada individuo es único e inigualable, lo que hace del público, en cada ocasión, especial y diferente a la anterior.

Sin embargo, a favor de Al Tran Trán, con respecto a otras Impros a las que hemos ido, tenemos que decir que esta es especial. Especial porque es un espectáculo musical en el que lo que prima por encima de todo es la música: la música es el objetivo, el hilo conductor, la clave de sol que engancha al público y la excusa perfecta para montarse una pequeña fiesta en la que, en muchas ocasiones, dan más ganas de estar de pie que de estar sentado en la butaca. Una guitarra española, un bajo, un cajón y las voces de los componentes son los elementos necesarios para dar rienda suelta a la imaginación y al ingenio a raudales que tienen estos chicos. 120 minutos de sorpresas, de diversión, de expectación, de tensión (si como a nosotros os causa pavor salir al escenario), de arrebatos a dar palmas y sobre todo de muchísimas risas, porque si algo pueden asegurar al 100% estos artistas son las risas.

La función comienza en cuanto te validan la entrada para acceder a la sala. En ese momento, y justo antes de pasar por la puerta, dos personas te dan un boli y una tarjetita en la que, ¡atención!, tienes que escribir algo, lo que sea, lo que quieras, lo que traigas de casa o se te ocurra en ese momento, da igual, pero ¡ESCRIBE! Porque minutos antes de empezar pasarán a recoger ese papelito para introducirlo en la urna de la que los improvisadores sacarán las ideas para hacer los sketches. Ése es tu momento de gloria para pasar a formar parte de la lotería de la Impro, no lo desaproveches, nunca sabes si tu idea, tu palabra o tu frase, será el reto que Al Tran Trán estaban esperando. También puede ser descartado, pero el que no participa no gana. Eso es así.

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Tras ésta primera toma de contacto, se apagan las luces y, como si de boxeadores se tratasen, Rubén, Pau, Antonio, Ángel y Dani van llegando al escenario por los pasillos de la sala mientras son anunciados por la voz de un presentador. A partir de ahí todo lo que puede pasar es un misterio y dependerá, sobre todo, de las propuestas del público. La idea que la compañía ofrece es crear canciones y escenas de teatro, en distintas versiones y formatos, realizándolas ellos mismos o subiendo a alguien al escenario para, en el caso de anoche, componerle una canción. Al Tran Trán no es un espectáculo al que se va solo a mirar, es un espectáculo al que se va a participar activamente. Algo así como las lonjas gallegas en las que se compra marisco: todos, sin orden ni concierto, gritan el precio al que se quieren llevar la mercancía pero sólo uno convencerá al vendedor… pues aquí igual, el público grita sus propuestas, alocadísimas la mayoría de las veces, y ellos elegirán la o las que más les convenzan. Según lo vemos nosotros, aquí uno, desde que se sienta en la butaca debería querer llevarse la mercancía y para eso las ideas tienen que tener calidad. Lo bueno es que, de calidad, en este país y para este tipo de cosas, vamos sobrados. Lo malo es que hay mucha gente y es casi imposible tener tu frase en la punta de la lengua y que antes de soltarla, alguien se te adelante con algo más desternillante todavía y tú no puedas hacer otra cosa que reirte a más no poder.

De entre todas las cosas que se hacen durante las 2 horas que dura la función (o funciones, según se mire), la que más nos llamó la atención y nos gustó por encima del resto sucedió casi al comienzo. Volvimos a nuestra más tierna infancia gracias a la versión que Al Tran Trán se han sacado de la prueba “La cacharrería” del programa No te rías que es peor (sí, el de Barragán). Rubén Hernández, convertido en ese momento en Jordi Estadella o Ramón García (lo que más le guste a cada uno), le pidió al público que sacase cualquier cosa que llevase encima, a poder ser, lo más ridícula posible. Hubo de todo, desde un pañuelo, hasta sprays, pintalabios, termos… pero nuestro favorito fue el sujetador que alguien, amablemente, decidió ceder a la sala. Pues bien, de esos “aparejos” que la gente sacaba, el maestro de ceremonias, iba eligiendo algunos al azar y mostrándoselos a la cámara que le seguía para que sus compañeros desde el escenario, fueran creando y cantando a la vez una canción con dichos cachivaches. La cosa no pudo ser más descabellada ni desternillante. Para la siguiente ocasión intentaremos ir con el cacharro más estrafalario que encontremos por casa y esperamos que vosotros hagáis lo mismo.

Rumba, flamenco, reggaeton, una coral improvisada para cantar una canción llamada “Los mundos de Yupi”, y adivinar mediante absurdas explicaciones el Aserejé, propuesto por el público, son algunas de las cosas que te puedes encontrar en esta Impro. Para la próxima, que según anunciaron será en febrero y de nuevo en Madrid, quizás haya rap, blues, bossa nova o una conga a ritmo de El tractor amarillo, porque si algo nos quedó claro la noche del sábado fueron dos cosas: que con Al Tran Trán puede pasar cualquier cosa y que nosotros REPETIMOS.

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Entusiasta de las verbenas de pueblo, de Quique González y de Rocío Dúrcal. Decidí estudiar Psicología porque lo de "Mamá quiero ser artista" no convencía mucho a mi familia, y entre eso y la música reparto el 200% de mi tiempo. Me encantan los lacasitos, los giralunas, ir a conciertos y soy una firme defensora de la frase "todo se puede decir con una canción", por eso estoy esperando la canción de mi vida, la más grande. Eso sí, mientras llega, intento escribir cualquier cosa que se me pase por la cabeza.

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