cine, críticas de películas
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‘La gran apuesta’: el hiperrealismo hecho comedia

– No one can see a bubble. That’s what makes it a bubble.

– That’s dumb.

(La gran apuesta)

La gran apuesta es la adaptación del libro homónimo escrito por Michael Lewis (The Blind Side, Moneyball) que pretende sumergirnos en el mundo de Wall Street contándonos la historia real de unas personas algo pintorescas que se atrevieron a apostar en contra de los grandes bancos antes de que estallase la burbuja inmobiliaria y explicarnos así en el proceso cómo ocurrió exactamente la hecatombe económica que hoy conocemos como “la crisis”.

“Creo firmemente en hacer lo que sea necesario para contar la historia.”

Adam McKay

El mayor problema al que se enfrentaba McKay (director y coguionista de la película) a la hora de abordar esta adaptación no era conseguir que el espectador pudiera identificarse con los protagonistas de la historia, sino que el espectador pudiera entender de qué hablaban esos personajes. Hablamos de una jerga completamente específica del mundo de la Banca, con una lista interminable de siglas y demás vocablos que nombran conceptos increíblemente complicados. ¿Sería el espectador medio capaz de seguir una conversación como si nada sobre las subprime, los bonos sintéticos, las hipotecas AAA etc.? La respuesta, evidentemente, es “no”. Es por eso que McKay decidió llevar a cabo una estrategia totalmente hiperrealista y derribar el cuarto muro desde el principio del film con el personaje de Jared Vennett (Ryan Gosling) ejerciendo de guía turístico y estableciendo una conversación directa con el espectador para ponerle en situación.

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Ryan Gosling con Adam McKay en el rodaje de La gran apuesta

Sin embargo, McKay va más allá, y se inventa un nuevo recurso narrativo para intentar facilitarnos la vida: y es que en determinados momentos de la cinta, la acción se detiene completamente durante unos minutos para que personajes de la cultura popular como Selena Gómez o Margot Robbie se dirijan al espectador y le expliquen conceptos económicos en palabras simples que pueda entender. Se podría pensar que este recurso resulta cuando menos condescendiente, pero la astucia de McKay consiste en no usarlo hasta que se hayan sucedido tantos diálogos repletos de vocabulario especializado que parezca que la cabeza nos va a estallar intentando seguir el ritmo y es ahí y solo ahí, cuando entran las celebridades para ponernos al día.

 

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Finn Wittrock interpreta a Jamie Shipley y John Magaro interpreta a Charlie Geller

El realizador ha afirmado que esto, aparte de un recurso narrativo, es también un comentario sobre nuestra sociedad en la que prestamos una atención desorbitada a las celebridades que nos hablan de asuntos meramente banales como cómo se pintan las uñas, pero nadie nos ofrece información que necesitamos saber de verdad como datos sobre la burbuja inmobiliaria en el 2000 mientras todavía era posible echar el freno. Es por eso que el director decidió utilizar a iconos de la cultura popular para que por una vez nos explicasen información verdaderamente útil. Y aunque es cierto que funciona bastante bien como desahogo para el espectador, también es cierto que sacrifica un poco el ritmo de la cinta.

Otro elemento que no estaba presente en el libro que McKay aporta a la mesa y que resulta de vital importancia para que el conjunto de la película no sea una obra total e irremediablemente soporífera es nada más y nada menos que la comedia. Ese punto socarrón es lo que hace el film llevadero y se entrega por parte de los actores en un tono muy realista. El tercer elemento en el que se apoya la cinta es el montaje de Hank Corwin, que aporta un gran dinamismo. Sin embargo, también le da un toque caótico con cortes demasiado agresivos y una sucesión de imágenes sin ton ni son que sirven de interludio, pero que vienen poco o nada a cuento y que en vez de darnos contexto, solo nos sacan de la película.

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Steve Carell interpreta a Mark Baum y Ryan Gosling a Jared Vennett

Respecto a la caracterización de los actores, cabría recordar lo que dijo un gran sabio una vez: “Puede que los efectos especiales hayan avanzado mucho en pocas décadas, pero la técnica de las pelucas no ha cambiado ni un ápice desde los cincuenta”. No cabe duda de que los toques que se han dado, como el tinte rubio a Steve Carell o el tinte moreno para Ryan Gosling, pretendan acercar sus rasgos a los de las personas reales en las que están inspirados sus personajes, pero también cabe preguntarse si era realmente necesario y si no interesaba más aportar un toque más natural que esos toques prostéticos que hacen que por ejemplo, en el caso de Gosling, parezca más una caricatura que una persona. Finalmente decir que en la interpretación destacan especialmente Christian Bale y Steve Carell, el cual quizás nos muestre aquí el personaje más decidido e iracundo al que haya dado vida nunca y la aportación de Brad Pitt resulta más bien anecdótica.

En definitiva, La gran apuesta no es una película perfecta, pero es de suma importancia que todo aquel que pueda vaya al cine a verla. Esta cinta no solo se suma a la corta lista de películas que nos explican la crisis económica, sino que además es una de las pocas que nos ofrece pruebas de que la famosa burbuja no era invisible, como muchos nos han querido hacer creer, sino que solo unos poco quisieron verla.

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