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Ojo al cuarto poder: 8 películas que pisotean la ética periodística

Numerosos son los títulos que vanaglorian la labor de los periodistas como portadores de la verdad absoluta. Tras el último éxito de Spotlight, donde se clama el ejercicio de investigación como una guía moral, se nos presenta la idea de que todo lo que toca un periodista se convierte en oro.

Sin embargo, ¿qué ocurre con la parte más negra de este trabajo? Porque sí, existe y de un tamaño considerable. Los títulos siguientes demuestran que existen otras muchas triquiñuelas por las que llegar al éxito. Eso sí, escupiendo sobre la ética periodística. Ya lo decía el tío Ben: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

1. Network (Un mundo implacable)

1976. Televisión. Dir: Sidney Lumet

network

Bajo una espesa trama que roza la comedia negra, nos encontramos ante una historia donde la lucha por las audiencias resulta más importante que las personas. En Network se nos presenta la historia de Howard Beale, presentador de noticias de la cadena UBS. Ante su inminente despido,  decide anunciar en plena emisión su suicidio en alguno de los días siguientes. El rating trepa hasta las nubes y los productores decidirán mantener la historia hasta su fatídico final. Cueste lo que cueste. Al fin y al cabo, ¿no es la audiencia lo que realmente cuenta?

De esta forma, Sidney Lumet presta una ácida visión del mundo televisivo cuando las cámaras se apagan, de forma que esboza a la perfección el corazón mas negro y podrido de la “caja tonta”. Un punto de vista perverso que traspasa con creces su época y se traslada al amarillismo y la perversión actual.

2. Nightcrawler

2014. Televisión. Dir: Dan Gilroy

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El joven Louis Bloom se encuentra perdido hasta que un día presencia una accidente de tráfico que le hará descubrir su labor en la vida: grabar y vender las desgracias ajenas. Con uno de los papeles más brillantes de Jake Gyllenhaal, Nigthcrawler es el retrato más frío y duro del “periodismo criminalista”. Una fotografía de la venta barata de los horrores diarios que vive la corrompida ciudad de California, que al mismo tiempo supone la perfecta moneda de cambio para conseguir audiencia.

Violencia, negra y sin pelos en la lengua, esta película no solo supone un reflejo de la realidad sobre los sucesos en el campo televisivo, sino una paliza en estado mayor a la ética periodística.

3. El show de Truman

1998. Televisión. Dir: Peter Weir

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¿Hasta que punto estaría uno dispuesto a llegar para conseguir el programa de mayor audiencia en la historia audiovisual? Una ciudad acogedora, una esposa modelo y, en definitiva, lo que parecería una vida perfecta. Eso es lo que vive Truman durante más de los últimos treinta años. Lo que desconoce es que el productor ejecutivo, Christoff, ha sido el encargado de crear todo lo que ve a su alrededor y que la realidad es un puro reality show.

Con la excusa de estudiar el comportamiento humano, se juega con la vida de una persona sin que las que lo están viendo se alteren lo más mínimo. Al contrario: cuantas más cosas pasen, mejor. De forma más edulcorada pero clara, El show de Truman presenta la atracción natural de las audiencias por el morbo y los límites inexistentes que parecen existir algunas veces en el mundo de la televisión.

4. Mad City

1997. Reporterismo. Dir: Constantin Costa-Gavras

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En el foco de la noticia. Esta es la premisa principal con la que se encuentra un reportero veterano, cuya carrera está de capa caída, cuando un ex vigilante secuestra a un grupo de niños en un museo. Atrapado allí de casualidad, el periodista interpretado por Hoffman se encargará de contar in situ todo lo que está ocurriendo. Llega hasta tal punto, que se convierte en altavoz del secuestrador para que la audiencia conozca su punto de vista.

De este modo, comienza un pequeño juego donde la manipulación de la información en directo y la creación del “personaje”, protagonista del suceso, son el pilar principal sobre el que el filme, poco a poco, se va desarrollando.

5. Los idus de marzo

2011. Comunicación corporativa. Dir: George Clooney

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No solo la televisión es la única fuente de malas prácticas. Los idus de marzo nos presenta otra faceta de la comunicación, en este caso, enfocado en el ámbito político. Con un tono muy cercano al thriller, Clooney nos presenta la lucha por la imagen pública y todos los hilos que se mueven detrás. En una historia trepidante donde un joven comienza a trabajar en el gabinete de prensa de un candidato a las primarias.

La traición, la mentira y el egoísmo conforman el eje central de la película que demuestra, al mismo tiempo, el poder de la comunicación. Aunque, en este caso, sea para conseguir de cualquiera de las maneras el éxito.

6. Wag the dog (Cortina de humo)

1997. Comunicación corporativa. Dir: Barry Levinson

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Concebida como una sátira sobre la labor política, este título peca de mostrar la influencia que ejerce la misma sobre los medios de comunicación. Y como, estos mismos, se tragan todo lo que se les diga. A pesar de rozar la idílica idea de la verdad, Wag the dog se disfruta más como una antítesis de lo moralmente correcto.

Para evitar un escándalo de faldas, el presidente de los Estados Unidos decide contratar a un director de Hollywood que pueda crear una guerra falsa. Una cortina de humo que lo haga quedar bien ante las cámaras y, sobre todo, ante los votantes. De nuevo, entra en juego la poderosa mano de la política frente a la visibilidad de la prensa y su escasa labor de investigación.

7. El gran carnaval

1951. Prensa. Dir: Billy Wilder

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El periodista Charles Tatum está pasando una mala etapa que lo lleva a trabajar en un diario de Nuevo México. Allí tendrá lugar un suceso clave para su carrera: un minero se queda atrapado en un túnel y Charles verá la oportunidad de la primicia. Pero, sobre todo, de su vuelta a lo alto del periodismo.

Sin embargo, las tretas no serán tan claras como el argumento. La espectacularización del suceso, las mentiras y, sobre todo, el retraso del salvamento. De esta forma, Wilder retrata a la perfección el egoísmo humano y el daño que se hace a la hora de intentar llegar a la gloria. Más concretamente dentro de la comunicación, gira sobre la tragicomedia de una carrera que se deja llevar más por el morbo y el egoísmo de las masas, que por la noticia en sí.

8. El precio de la verdad

2003. Prensa. Dir: Billy Ray

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En 1999, se descubre una verdad que remueve las nuevas generaciones periodísticas: el prometedor Stephen Glass ha falseado la mitad de sus personajes. Aunque centrada en la figura de Stephen y sus dramas familiares, a nivel de crítica hacia el periodismo resulta devastadora y un punto de vista más negativo con cierto regusto a idealismo.

Basada en hechos reales, la historia de este joven periodista llama la atención por su capacidad de análisis acerca del sistema funcional de una oficina. Aunque acentúa su elemento de autocrítica a partir de la figura del propio protagonista: un joven que intenta luchar contra sus propios demonios para conseguir la gloria.

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