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Quique González, entre la luz y el duelo

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El noveno álbum de estudio en los 18 años de carrera de Quique González llega tres después de Delantera Mítica, posiblemente su trabajo más mediático, o al menos el que más reconocimientos le ha proporcionado en estas casi dos décadas. Tres años en los que ha girado sin parar junto a esta misma banda que le acompaña en este nuevo disco y con la que comparte la firma del trabajo, como ya ocurriera en Avería y redención con su banda de entonces, La aristocracia del barrio.

Quique González nos ofrece diez nuevas canciones en las que se pueden identificar todas las señas de identidad que durante todos estos años ha ido dibujando en su ya larga carrera: la nostalgia de los orígenes, el amor imposible, el desamor irremediable y la camaradería. También toda la iconografía presente en sus canciones como las carreteras secundarias, las camareras esquivas, los lugares de paso y sus referentes musicales. También su sitio en el mundo, cada vez más alejado de las calles de Madrid, dejando una huella en sus canciones cada vez más consistente del valle donde se sitúa Villacarriedo, donde ahora descansa cuando no está de gira. Todo esto está presente en Me mata si me necesitas (Cultura Rock Records), enjugado en un sonido que sigue abrazando el sonido americano que ha ido depurando con el paso del tiempo recogiendo todo lo aprendido en la grabación de sus anteriores trabajos en Nashville y de los artistas de los que bebe desde sus comienzos.

quique

Como primer adelanto nos hizo llegar Se estrechan en el corazón, canción elegida como single antes del lanzamiento, pero ya desde la primera escucha sobresale por encima de los otros 9 el corte con el que se cierra el álbum, La casa de mis padres. La cruda canción que el madrileño escribió tras la muerte de su padre, al que dedica este nuevo disco, y en la que también dibuja un flashback que nos transporta a la muerte de su madre años atrás. Un tema que desde un comienzo desnudo en su instrumentación, casi únicamente con la voz de Quique en solitario, y a la que poco a poco se van incorporando el resto de instrumentos, creciendo en la dureza de sus versos en ese cara a cara frente a la pérdida, impactando y emocionando al oyente, convirtiéndose en bandera del disco por si misma y en uno de los momentos más álgidos de toda su carrera.

Acompañan a este tema otras canciones sobresalientes como  Charo, en la que comparte protagonismo con la gran voz rasgada  de Caroline Morgan, que le da réplica aportando la visión femenina a esa historia de amor que nos comienza a contar Quique.  También nos mete en la piel de los miembros de sus músicos con el tema que abre el disco con Los detectives, transportandonos a los largos días de furgoneta de la banda. Al escuchar Sangre en el marcador, irremediablemente nos viene a la cabeza la melodía del New York, New York de Ryan Adams, pero también reminiscencias de sus propias canciones clásicas. Cerdeña cambia el ritmo del álbum con su sutil melodía, dando un respiro necesario y bajando las revoluciones para afrontar el resto del disco, cadencia que continúa en la melancólica Ahora piensas rápido.

El medio tiempo de Orquídeas, como dijo en su día Quique, amenaza convertirse en clásico dentro del repertorio del madrileño, con la intensa presencia del violín de Edu Ortega, uno de los grandes protagonistas del disco en casi todos los cortes del disco. Con Relámpago recuperamos el ritmo de la mano del piano, recordando su antiguo Capri del 82 y dejando otra frase que se marcará a fuego en sus fans: “Cuando explotó en mi mundo yo creía que toda mi vida era una recta final“. No es lo que habíamos hablado apunta a una generación, la que supera los 30 y se acerca a los 40, que me arriesgaría a decir que es la más numerosa entre sus seguidores, con un directo al mentón “Madurar, crecer debería ser un juego de niños“. En su conjunto, es un setlist que todos sus seguidores están deseando hincar el diente en vivo a partir del 1 de abril, cuando abra en Pamplona su gira de presentación con una serie de conciertos por todo el país y que poco a poco va colgando el cartel de “no hay billetes”.

Apuntan los críticos, casi rozando la unanimidad, que estamos ante el mejor disco de la carrera de Quique González. Y eso son palabras mayores. En primer lugar por la calidad de sus anteriores trabajos, y en segunda instancia porque sus álbumes crecen y maduran con el paso del tiempo. A sus poco más de tres semanas de vida, no nos arriesgamos aún a catalogarlo de esa manera, pero lo que está claro es que Me mata si me necesitas, que desde hace unos días se puede disfrutar íntegro en Spotify y en su canal de YouTube, es un álbum excelente.

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  1. Pingback: La feliz madurez de Quique González conquista Barcelona | NO SUBMARINES

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