Crónicas de conciertos, música
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Hans Zimmer: música y cine en directo

7 de abril – SSE Arena, Wembley (Londres)

Hans Zimmer entró en el escenario totalmente solo, con su chaqué, ante una multitud de 12.000 personas que le esperaban entre gritos, aplausos y una excitación que ni el mismísimo Batman podría apagar. Y es que no todos los días uno tiene la oportunidad de sentarse ante una orquesta sinfónica y mucho menos si esta está conducida por uno de los compositores de scores más importantes de los últimos años.

Hans Zimmer empezó su espectacular show con uno de los temas compuestos para la película Driving Miss Daisy. Junto a aquellas delicadas notas, su banda principal de músicos formados por un saxofonista un tanto salvaje, un trío de violinistas (uno de ellos “robado” según contó  más tarde Zimmer, a Ennio Morricone) y una chelista clásico-metalera (además del guitarrista de The Smiths, Johnny Marr, y el de Incubus, Mike Einziger que vendrían más tarde) fueron entrando en escena. El conjunto de músicos fue fusionando la melodía de Driving Miss Daisy con la espectacular Discombobulate (Sherlock Holmes) para después pasar a uno de los temas de la película de animación Madagascar. No llevábamos ni 10 minutos de show y ya teníamos la boca abierta; fue entonces cuando cayó la cortina, vimos el coro y el resto de una impresionante orquesta de más de 70 personas, y fuimos conscientes de la magnitud de todo lo que nos quedaba aún por escuchar.

HANS ZIMMER

No es casualidad que Hans incluyese esta película de animación entre los primeros temas de su setlist, pues era precisamente animación lo que nos esperaba a todos los presentes en el SSE Arena Wembley durante las dos horas y media que duró el recital. Y con tan solo tres canciones, Zimmer ya tenía a su público metido irremediablemente en el bolsillo. Porque si algo es Hans Zimmer, aunque ni él mismo lo sepa, es un showman. Un adicto al electro que sabe que ha nacido para componer cosas rarísimas, un músico al que su cuerpo y mente le piden innovar de alguna o de todas las maneras posibles, un genio que sabe hacer música para los ángeles y también para los demonios (una prueba de ello es el tema My Enemy compuesto para Spiderman). Hans Zimmer es un genio irremediablemente adorable, al que de alguna manera la timidez le embarga cada vez que tiene un micrófono delante: así lo demostró intentando dedicar el tema principal de Crimson Tide, al fallecido Tony Scott, amigo de Zimmer. Cuando sujeta un micro, Hans se traba, se equivoca…y consiguió que a los 12.000 se nos formase un nudo en la garganta que no duró solo durante el tema de Crimson Tide, sino más bien durante toda la primera parte del show.

En esta primera mitad, el compositor nos deleitó con los temas principales de filmes como El Código Da Vinci o Piratas del Caribe, en los que la violonchelista Tina Guo nos dejó a todos estupefactos y rompió varias cerdas de su arco; tampoco faltaron los temas dedicados al ya mencionado Sherlock Holmes o “epicidades” máximas como algunos temas de la película Gladiator. Con Czarina Russell como vocalista, Hans Zimmer de lo más simpático, retó a su público a que juzgase si el tema principal de Gladiator funcionaba tocado con una guitarra española. Bien sabía Hans que sí que funcionaría, y si a alguien no le gustó en este punto del show todos estábamos ya demasiado boquiabiertos como para no pasarlo por alto. Y es que Hans Zimmer es el responsable de melodías que evocan recuerdos fílmicos imposibles de borrar.

La reacción no es para menos, si a eso le sumamos el mayúsculo show de luces que presentaba el recital. Un diseño tan espectacular como austero: tan solo dos pantallas laterales y un telar negro al fondo que hacía las funciones de pantalla de proyección donde aparecían arcos clásicos o formas geométricas indescriptibles a petición de la canción. Los lásers de colores fueron otro de los puntos fuertes e hicieron el resto para que la segunda mitad de la noche se pareciese más a un recital de rock que a cualquier otra cosa. El responsable de la iluminación de la gira es Marc Brickman, iluminador habitual de shows tan dispares como el de Pink Floyd, Nine Inch Nails o la iluminación del mismísimo Empire State Building de Nueva York. De nuevo, innovar o morir. Hans lo sabe. Y nosotros felices.

Hans-Zimmer-Live

Con tal animación y teniendo al estadio entero deseando levantarse para saltar, Hans Zimmer se marcó un redoble de tambores y decidió introducir, sin previo aviso, ese grito que todos conocemos, esa voz única que abre El Rey León, la de Lebo M, hombre entrañable donde los haya que consiguió que fuese ya irremediable contener las lágrimas en este punto de la noche, especialmente si andas en la veintena larga y creciste con Simba y Mufasa en tu imaginario.

Posiblemente, una de las cosas que hacen grande a Hans Zimmer es su manera de improvisar, y lo demostró en la segunda mitad del recital, donde el show se tornó en el electro y el punk en su más pura esencia. Tina Guo siguió rompiendo cerdas de su arco y Hans Zimmer ya se había quitado el chaqué para colocarse una cómoda camiseta de manga corta. Fue entonces cuando estaba más relajado y cuando empezó el auténtico show-láser de la noche. Varios temas de Batman vs Superman, Spiderman y de Man of Steel sonaron también en Wembley. Casi sin descanso para la orquesta entre tema y tema, Hans Zimmer dirigió su particular maratón musical consciente de todas sus posibilidades, satisfecho por la respuesta de un público totalmente entregado a la música y al cine, a la importancia de la música en el cine.

Hans-Zimmer-live

Llegamos así a un final un tanto agridulce. Hans Zimmer se metió entre bambalinas. No había sonado Interstellar. Tampoco Origen. Algunos impacientes comenzaron a levantarse y a salir del estadio, pero sabíamos que Hans tenía unas notas más guardadas para nosotros… La pantalla volvió a iluminarse y apareció un organillo color plata gigantesco. Comenzaron a sonar sus notas. El organillo de Hans. Cerramos los ojos y visualizamos la nave de Cooper intentando acoplarse a la estación espacial. Estaba sonando Interstellar, Hans nos tenía reservado lo mejor para el final.

Y así fue. Aún quedaban seis espectaculares canciones. El compositor decidió cerrar su show con Time, tema compuesto para la película Origen. Tiempo: todo el del mundo es el que desearíamos que hubiera durado esta experiencia. Hans sabía que había tenido una buena noche y despidió el recital enumerando a sus músicos. Nosotros nos fuimos de Wembley pensando a cuál de las otras 36 fechas del tour podemos asistir. Y es que nunca es suficiente cuando alguien es capaz de hacerte llorar tocando unas simples notas al piano. Música, maestro. Y vida, larga vida, Hans.

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