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‘Buscando a Dory’: Pixar vuelve más educativo que nunca

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Sinopsis

Dory recuerda que tiene una familia en algún sitio y que a lo mejor alguien la está buscando en algún sitio. Así que embauca a Marlin y Nemo en una increíble aventura oceánica que les llevará al prestigioso Instituto de Vida Marina (MLI) de California, un acuario y centro de recuperación de especies marinas.

Crítica

Cuando Pixar estrenó Buscando a Nemo allá por el 2003, el ya gran estudio de animación había saboreado los manjares del éxito más de una vez con una media de estreno cada dos años desde su lanzamiento al largometraje, proporcionando un éxito en taquilla y en crítica en cada uno de ellos. Las cabezas pensantes de Hollywood se preguntaban qué tenían de especial las creaciones de este nuevo estudio para tener un éxito tan arrollador. Algunos apuntaban a su tecnología puntera de animación por ordenador, otros señalaban una razón que ha venido sonando más fuerte a lo largo de los años: sus películas, a pesar de contar con personajes animados, no estaban diseñadas exclusivamente para los niños, sino que podían disfrutarlas tanto grandes, como pequeños. Es este pilar esencial para la marca Pixar el que se tambalea en Buscando a Dory.

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No podemos atribuir esto a un cambio de sillas en el equipo creativo, ya que al timón de la aventura de nuestro pez payaso favorito estaban dos grandes nombres de la marca Pixar: Andrew Stanton (Bichos) y Lee Unkrich (Toy Story 3) y Stanton es el principal responsable de la secuela. Sin embargo, parece que esta vez Stanton ha puesto todo su empeño en hacer del film una película educativa, en el sentido más esencial de la palabra. Era, quizás, uno de los riesgos de situar gran parte de la acción de la película en un instituto de vida marina. Allá donde en la primera parte se daba conocimiento por sentado y se utilizaba para hacer bromas al respecto, en esta parece que estemos continuamente en una lección del Maestro Raya. No es hasta el final, cuando los problemas de nuestra protagonista empiezan a adquirir seriedad, que la película alcanza un tono más adulto.

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Otro de los puntos débiles del film es la utilización de recursos que tuvieron éxito en la primera parte, olvidando que la repetición nunca es buena. ¿A nadie más le recuerda ese encontronazo con el calamar que se ilumina en la oscuridad al pez de aspecto terrorífico que se encontraban también Marlin y Dory en las profundidades del océano? Incluso los nuevos personajes nos recuerdan a  personajes de Buscando a Nemo, ¿o resulta descabellado ver en el pulpo Hank un eco del pez Bill, con su irrefrenable deseo de fuga y siendo el contrapunto, con su seriedad y malas pulgas, al optimismo y locura que hay a su alrededor?

Si bien estos son los puntos más flojos de Buscando a Dory, el resto de la película merece nuestro aplauso, incluida la siempre maravillosa música de Thomas Newman. Concretamente, es un acierto clave la línea narrativa transcurrida en los recuerdos de Dory, que llegan a ser un detonante de las partes más emotivas del film y sirven para hacer avanzar la historia. Una historia que no deja de apelar a la importancia de la amistad, la familia y la tolerancia. Cosas que todo niño debe aprender y que más de un adulto debe recordar.

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  1. Pingback: Estrenos en crudo: Frears, Vigas y el tandem Stanton-McLane se reparten la cartelera | NO SUBMARINES

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