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BBK Live Día 2: Pixies escribe una nueva página en la historia del festival

Y comienza el segundo día con el tiempo recordándonos dónde estamos. Del chirimiri del día anterior a la lluvia en condiciones que empezó a caer al comienzo del set de José González. Y, afortunadamente, poco tiempo después la lluvia dio paso a la calma y pudimos disfrutar de los arpegios de la guitarra del cantautor sueco. Estaba programado que hubiera una hora de concierto, pero solo duró sobre el escenario unos escasos 45 minutos que supieron a poco. Con un acompañamiento compuesto por tres coristas y un músico tocando los bongos, fue un concierto mucho menos intimista de lo que nos tiene acostumbrados. Aun así, la música de José González embelesa y encanta. Una voz sencilla, siempre acompañada de los acordes de su guitarra, fue la constante durante el concierto y la perfecta introducción para el resto de artistas del día.

Después, Ocean Colour Scene se preparaban ya en el segundo escenario y como no podía ser de otra manera, comenzaron con Riverboat Song.

El inicio del riff fue acogido por una gran ovación del público. Fans dedicados que cantaban todas y cada una de las palabras de las canciones iban apareciendo para abarrotar el frente de la explanada. Después, se bajó el ritmo para dar paso a canciones más lentas que se intercalaban con distorsionados solos de guitarra y la guitarra acústica. Nos fuimos antes del final para ir a descubrir a Junior Boys.

Llegamos al escenario carpa sin saber nada de ellos y salimos de allí con muy buen sabor de boca. Un dúo de música electrónica independiente que hacía imposible que los asistentes se quedaran parados en el sitio. Cada canción seguía un ritmo que desprendía una fuerza que nos impedía mantener los pies en el suelo.

Baile y mucho baile dejaron Junior Boys en la carpa cuando era el momento de visitar Basoa. La nueva zona del festival creaba un ambiente perfecto donde nos encontrábamos totalmente rodeados tanto de altavoces para que el sonido fuese el mejor posible, como de árboles para mezclar esta experiencia única con la naturaleza. Además así, se aprovechaba la localización tan especial de este festival en las montañas, que tantos artistas han apreciado durante sus actuaciones.

Ya se iba acercando la hora de los grandes y empezábamos con Love of Lesbian. Tal y como retratamos ya en el valenciano Festival de Les Arts, los fans incondicionales se acumulaban para cantar absolutamente todas y cada una de las canciones. Y comenzaron así con El Volcán para dar paso a Los Seres Únicos, momento en el que recordaron a David Bowie y Prince, así como el 45 aniversario de la muerte de Jim Morrison.

Foto de Elena Díaz

Conforme avanzaba el concierto, iba anocheciendo y las luces del escenario brillaban con más fuerza. Empezaba a sonar Psiconautas y comenzaba el viaje. La psicodelia reinaba en Bilbao y la guitarra sonaba lo más alto posible, acompañada de un espléndido juego de luces que nos llevaba a las nubes.

Se empezaba a acercar el final y Jon Boy nos lo introducía. Fue el momento más emocionante del concierto, tanto que Santi Balmes, cantante del grupo, se quedó sin camiseta al terminar la canción. Para cerrar el concierto, sonó El Poeta Halley en la que Balmes se puso sus características gafas y se bajó al foso para cantar la ultima canción con el público. Así se ponía fin a un emotivo concierto que terminaba con Purple Rain de Prince saliendo desde los altavoces. “Esta va por vosotros” decía Santi, dedicando la canción al público mientras se hacían la clásica foto de grupo desde el escenario.

Foto de Elena Díaz

Era el momento de Grimes y de ver cómo sería el directo de esta cantante canadiense. Ya desde el principio nos mostró su carácterística voz aguda y nasal que se convirtió al final de la primera canción en un grito gutural desde dentro de la garganta, grave, profundo y fuerte. Esa fue su carta de presentación que siguió al pie de la letra durante el resto de su concierto. Conocida por sus rarezas y su particular estilo, Grimes hizo de su concierto una actuación hipnótica y potente. Tanto que hasta hizo saltar los plomos. En medio de una de las canciones el segundo escenario sufrió un apagón que dejó sin música y sin imagen a los asistentes cortando de lleno la actuación y la locura de Grimes. Ella, acompañada de dos bailarinas y una músico que le ayudaba con los sintetizadores, siguieron bailando sobre el escenario sin perder en ningún momento la compostura. El público seguía dándolo todo, aplaudiendo a las artistas aún sin música. Unos diez minutos más tarde la electricidad volvió al escenario y Grimes pudo terminar su electrónico, sintético y potente set.

Foto de Elena Díaz

Pero antes de terminar el concierto de Grimes, nos trasladamos a ver a We Are Standard al escenario Pepsi. Producto de la tierra, su música divertida y desenfadada contrastaba con la dura electrónica de Grimes y gustaba al público.

Muy fugaz fue la visita a WAS porque Pixies empezaba sin retraso en el primer escenario. Y vaya comienzo de concierto. Los decibelios subieron y el rock se hizo dueño de Bilbao. Pixies tiró por los suelos toda la electrónica que había sonado hasta ahora en el festival para reclamar el puesto que el rock merecía. Las luces del escenario se reflejaban en las nubes para iluminar todo Kobetamendi. Hubo algunos fallos de sonido que nos dejaron sin poder escuchar a Frank Black, cantante del grupo, ni a una de sus guitarras, lo que acumulado al parón de Grimes dejó un poco que desear por parte del festival.

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Foto de Elena Díaz

Entre canción y canción se escuchaban peticiones reclamando Isla de Encanta, y el grupo cumplió con los deseos del público que cantó las palabras en español a grito pelado. Los ritmos frenéticos dejaban paso bruscamente a la voz para subir la velocidad de los bailes de los oyentes. Después de esto, nos concedieron un descanso con algunas canciones más lentas en las que la nueva bajista, Paz Lechantin, hacía los coros. Con Hey crearon una conversación con el público mientras se acercaba el momento que todos esperábamos. Y por fin, llegó. Todos lo estábamos deseando, y de repente, las primeras notas de Where Is My Mind sonaron. El público enloqueció y gritó los coros frenéticamente. Todas las gargantas dando lo mejor de sí devolvían a Frank Black los “where is my mind” de la canción que nos transportaban a lo alto de un rascacielos mientras veíamos cómo el skyline de una ciudad sin nombre caía derruido. Un viaje que veíamos en nuestra cabeza con imágenes de El Club de la Lucha. Uno de los momentos más esperados, vibrantes y emocionantes de todo el festival. Y así podía parecer que se acababa, pero no fue así. Pixies siguieron con su concierto que se alargó hasta hacerse un hueco en las mejores actuaciones de la historia del festival bilbaíno. Una actuación memorable para enmarcar y colocar en las paredes de recuerdos de las ediciones del BBK. Y como despedida del segundo día, echamos un vistazo a Underworld y su archiconocido Born Slippy con el que Karl Hyde nos demostró la gran potencia de su voz.

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