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7 películas de la 49 edición del Festival de Sitges que nos han fascinado

No podíamos despedirnos del Festival de Sitges sin hacer un ránking de nuestras películas favoritas de esta edición (dentro y fuera de la sección oficial). Apuntad estos títulos y corred al cine cuando se estrenen, no lo lamentaréis.

1. The Handmaiden

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Aunque The Handmaiden sea la adaptación de la novela inglesa Fingersmith (Sarah Waters, 2002), Park Chan-wook escoge trasladar la acción del Londres victoriano a la Corea del Sur de los años treinta bajo la ocupación japonesa y en la cinta se pueden observar constantes referencias a los dos mundos, empezando por la ambientación, con la imponente casa victoriana de la protagonista y su otra casa de estilo japonés, y siguiendo por la banda sonora de Jo Yeong-wook, de la cual muchos temas parecen remontarnos a las adaptaciones que se han hecho para el cine de otras novelas inglesas como Cumbres Borrascosas u Orgullo y Prejuicio.

Aparte del cambio de localización con respecto a la novela, por lo demás el film respeta la historia original, e incluso divide el relato también en tres partes: la primera nos cuenta la historia desde la perspectiva de la criada, la segunda parte nos desvela la perspectiva de la dama Hideko y la última supone el desenlace. Si bien dicho desenlace no defrauda y es un digno final para la película como conjunto, es cierto que la escena final resulta un añadido innecesario y un tanto anticlimática.

Respecto al estilo visual, Park Chan-wook emplea una vez más su maestría y consigue que la cámara siga los movimientos de sus actores como si flotase a su alrededor, de una forma tan elegante y orgánica que pocas veces notamos su presencia, excepto en secuencias en las que se permite lucirse para dar un mayor efecto al guion. Quizás lo que le falta a The Handmaiden para que sea una película redonda sea que Park Chan-wook se adentre un poco más en la psique femenina, puesto que en los momentos más sensuales del film donde los personajes femeninos tienen las riendas, no puede evitar mostrar su punto de vista masculino.

2. Que Dios nos perdone

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Rodrigo Sorogoyen (Stockholm) nos atrapa con este thriller policiaco en el que Antonio de la Torre y Roberto Álamo realizan unas interpretaciones sublimes. Antonio de la Torre consigue el difícil objetivo de no caer en la parodia al dar vida a Velarde, el mejor policía del departamento de homicidios que sufre un tartamudeo al hablar. El actor malagueño sabe expresar la confianza que el personaje tiene en su intelecto y su instinto a la hora de realizar su trabajo y, por consiguiente, el tartamudeo se queda en un detalle más que ensambla al personaje, no es algo que lo defina. Por su parte, Roberto Álamo despliega todo su carisma para representar la cara más amable de Alfaro, un policía con impulsos violentos que con sus comentarios algo inapropiados relaja la tensión de la cinta con un toque de humor.

Y es eso lo que destaca del guion de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, que sabe cómo equilibrarse. No solo arman una buena línea narrativa central cuyo objetivo final es atrapar al asesino, sino que también van más allá cuando nos dejan echar un vistazo a la vida personal de los dos protagonistas e incluso a la del asesino. Si bien es verdad que la del personaje de Antonio de la Torre tiene un desarrollo un tanto difícil de creer, esa dosis de intimidad es lo que hace que sus protagonistas no sean dos caricaturas vacías, sino dos seres humanos llenos de complejidades. Al estilo de otras películas de suspense policiaco como Seven, el film descansa en estos dos policías con personalidades opuestas destinados a chocar que unen fuerzas con un solo motivo: resolver el caso.

Sin duda, Que dios nos perdone es un excelente ejercicio de guion que bien merece el Premio del Jurado al Mejor Guion que ganó en la pasada edición del Festival de San Sebastián.

3. The Age of Shadows

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Hubo algún momento en la historia del cine en el que se dejaron de hacer películas como El Doctor Zhivago o Lo que el viento se llevó. Películas que narraban historias de tintes épicos y que nos hacían sentir que éramos testigos de una gran epopeya. Corren tiempos modernos y ese tipo de cintas ya no interesan al gran público. Sin embargo, afortunadamente aún quedan directores valientes como Kim Jee-woon que se atreven a desafiar a lo establecido y realizar films como The Age of Shadows, y a nosotros solo nos queda quitarnos el sombrero.

Ya el inicio de la película es una secuencia digna de estudio, una tarjeta de presentación magistral que nos demuestra que Kim Jee-woon tiene un instinto visual y un talento digno de admiración. Y es que el cineasta coreano lleva el timón de esta cinta con mano firme, pero también con gran sensibilidad. En su doble faceta de director y guionista, consigue sumergir al espectador completamente en esta gran historia de espías, manteniendo el ritmo durante los 140 minutos de metraje, sin que ninguna escena siente arbitraria o prescindible.

Ni falta hace decir que The Age of Shadows es por supuesto una gran representación de un choque entre ideologías. La arrogancia y crueldad del gobierno dictatorial se enfrenta al romanticismo y los principios de la resistencia. Un relato que hemos visto muchas veces, pero que en esta cinta vuelve a cobrar una magnitud grandiosa, envuelto en un halo de elegancia con una ambientación y una banda sonora absolutamente exquisita.

4. Swiss Army Man

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La originalidad del guion de los Daniels ha hecho que muchos críticos tengan problemas a la hora de categorizar esta película, por lo que a menudo se la ha tachado de “inclasificable”. Desde luego, lo que sí podemos afirmar categóricamente sin miedo alguno es que Swiss Army Man es una película maravillosamente rara.

A muchos les echará para atrás las numerosas bromas escatológicas y sexuales que pueblan el film, pero ese no es más que un recurso de los Daniels para suavizar la intensidad de un guion cuyo eje principal no es otro que la importancia de la vida y por qué merece la pena luchar por ella. Cuando conocemos a Hank, está a punto de rendirse y suicidarse, y es entonces cuando ve el cadáver de un joven varado en la orilla y (por razones que preferimos no desvelar) decide llevárselo consigo.

La muerte ya no es solo una idea en su cabeza, sino que ahora tiene una representación física, y carga con ella allá donde vaya hasta que finalmente, inicia un diálogo con ella. A través de esas conversaciones, Hank esclarecerá cuáles son sus razones para luchar por sobrevivir y volver a una vida a la que nunca pareció sacar provecho alguno por su miedo a ser partícipe en la sociedad. Así, su ruta de superviviencia pasa también por aceptarse a sí mismo, rarezas incluidas. Una aceptación a la que llega a través del amor fraternal que obtiene de su amistad con Manny y no del amor romántico o su concepción platónica del amor romántico. Como ya decíamos, en este guion se tratan temáticas muy profundas, pero la habilidad de los Daniels consiste en conseguir hacernos reír por el camino con ellas.

5. Hell or High Water

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David Mackenzie es uno de esos directores que está en continuo estado de gracia y, una vez más, nos vuelve a dar una lección de cómo hacer buen cine con su Hell Or High Water.

La película es una mezcla de western y cinta policiaca, pero no solo de persecuciones y atracos a mano armada vive el film de Mackenzie. Hell Or High Water funciona con la precisión de un reloj suizo y consigue desarrollar la línea narrativa central, dando también espacio a temáticas complementarias de gran interés en un equilibrio perfecto, como si de un ejercicio de malabares se tratara. Entre estas temáticas se encuentra una poderosa crítica al mundo de la banca y sus pocos escrúpulos al manejar las vidas de sus clientes para su beneficio y el choque entre el Texas del Salvaje Oeste y el Texas moderno, los valores de sus ancestros y las necesidades y adicciones del siglo XXI. Por si fuera poco, allá donde la película podría decaer al reducir su ritmo, el guion de Taylor Sheridan se encarga de ensalzarla con un humor sureño interpretado por un reparto de lo más acertado.

En ese reparto destaca la labor de Chris Pine, siendo esta quizás la mejor actuación que hemos visto del actor hasta la fecha, y por supuesto la de Jeff Bridges. Aunque Bridges siempre asiente y dé una credibilidad indiscutible a todos los papeles que realiza, hay algo en el papel de vaquero que le sienta como un guante. Y la mejor faceta de su interpretación es que gracias a su carisma, consigue que el público conecte y empatice con su personaje, aunque se trate de un hombre algo racista y resabiado como al que da vida en Hell Or High Water.

Finalmente, la música de Nick Cave y Warren Ellis ponen la guinda a este film que recomendamos encarecidamente que veáis en cuanto llegue a las salas de cine.

6. The Neon Demon

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No hay duda de que Nicolas Winding-Refn tiene un estilo visual inconfundible y a base de matizarlo película tras película en The Neon Demon ha llegado a la perfección, una palabra que no usamos a la ligera. En esta cinta Refn, junto a la responsable de fotografía del film Natasha Braier, ha creado un imaginario propio lleno de detalles cuyas piezas claves son el color azul, el rojo y el triángulo. Tal y como explicó la propia Braier en un artículo publicado en The Guardian, el rojo simboliza el peligro, el azul el agua del mito de Narciso y el triángulo aporta espiritualidad. Tres elementos que se van repitiendo a lo largo de la película y que la dotan de empaque y cohesión.

Sin embargo, como ya viene siendo costumbre en las películas del cineasta, el punto flojo de The Neon Demon es el guion. La trama que nos relata el film no es más que la versión femenina y contemporánea del mito de Narciso, un dios tan bello que todas las ninfas perdían la cabeza por él y que cuando vio su reflejo en un lago se enamoró de sí mismo hasta el punto de la obsesión. Por tanto, sí, existe una línea narrativa central, pero es tan simple que cabe preguntarse si el metraje de dos horas no es algo excesivo y ciertas escenas no suponen más que una pura recreación visual. Al trasladar el mito al mundo de la moda, Refn aprovecha para criticar ciertas prácticas consideradas normales y corrientes en este entorno, pero el film se disfrutará más si se ve como un ensayo sobre la belleza y su importancia en nuestro mundo, más que una obra con fines narrativos.

7. Antiporno

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Aquellos que conozcan el trabajo del director japonés Sion Sono sabrán que el cineasta no juega con las mismas reglas que el resto. Utilizar como excusa el rodaje de una película de porno suave para criticar el mismo género de la pornografía no es algo que se le ocurra a cualquiera. Antiporno es alocada, sádica y, sobre todo, imaginativa.

En ella, aparte de una crítica a la pornografía, encontramos también un ensayo sobre la opresión de las mujeres en Japón y la falta de sororidad entre ellas. Como se permite recalcar el propio Sono en el guion, la protagonista se define como “la mayor puta de todas” por una buena razón. Si dejamos a un lado la psicosis que la rodea, quizás veamos que se define así porque es una mujer con éxito, independiente, que no tiene miedo a decir exactamente lo que piensa y sí, que tiene la vida sexual que le apetece. Lo que el pensamiento patriarcal más extremo definiría como una puta. Desde aquí solo desearíamos que el personaje no fuera tan desmesuradamente loco para no quitarle valor a sus palabras.

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