Crónicas de conciertos, música
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Iván Ferreiro y una noche de emoción en su casa madrileña

Fue en enero de este año cuando Iván Ferreiro se dejaba ver de nuevo en un concierto matutino perteneciente al ciclo Los matinales de EL PAÍS celebrado en Madrid. El reencuentro con sus seguidores fue especial en ese momento. Pero el pasado jueves llegaba una cita más especial si cabe. El gallego regresaba a Madrid cargado con una recién estrenada colección de canciones y su público estaba deseando conocer qué sorpresas incluiría el nuevo repertorio del músico. Con estos ingredientes adicionales aumentando nuestra expectación, acudimos al antiguo Palacio de los Deportes de Madrid (ahora llamado Wizink Center) para disfrutar de la presentación de Casa en vivo y en directo.

Al entrar en el recinto nos encontramos con un escenario coronado por un enorme logotipo en forma de casa (imagen del nuevo disco del compositor) y a su vez, al fondo se podían distinguir unas pantallas gigantes que auguraban un gran espectáculo sonoro y visual. Así, en un espacio que dista bastante de los lugares habituales en los que solemos ver actuar al vigués, daba comienzo esta esperada velada. De hecho, durante el concierto Iván confesó a la audiencia la emoción que sentía al poder llenar este lugar después de tantos años de carrera musical.

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Foto: Marta Soro

Dioses de la distorsión fue la canción elegida para inaugurar el show. Sobre las tablas, Iván apareció tocando la melodía en el piano arropado por seis músicos: Marta Toro y Sergio Valdehita en los teclados, Ricky Falkner al bajo, Amaro Ferreiro y Emilio Saiz con sus guitarras y Xavi Molero en la batería. Seguidamente sonó El bosón de Higgs y poco a poco íbamos entrando alegremente en el original universo creado por Ferreiro. Era el turno de Casa, ahora vivo aquí y mientras el músico se desplazaba de un lado al otro del escenario, el público comenzaba a animarse ante sus característicos balanceos. Entonces, viajamos del presente al pasado en la máquina del tiempo fabricada por Ferreiro y, con su engranaje funcionando a pleno rendimiento, aterrizamos en la lírica de Inerte para poco después trasladarnos a los versos de Toda la verdad. En este agradable viaje sideral atravesamos la dulce melodía de Canciones para el tiempo y la distancia, sobrevolamos los ritmos de Pájaro azul y nos subimos al vagón de El viaje de Chihiro con inmenso placer. Así, entre tiempo, distancia, plumas y canciones Iván nos invitaba a bailar con él. La coreografía se mudaba a la pista y todas las almas del lugar se iban sumando gustosamente a la fiesta guiadas por los divertidos movimientos del artista.

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Foto: Marta Soro

La melodía de Todas esas cosas buenas se deslizaba suavemente por nuestros oídos y con los sonidos amables de La otra mitad continuamos transitando los rincones de esta grata travesía. De vuelta al espacio exterior recorrimos Laniakea, admiramos el vibrante paisaje y nos refugiamos al calor del fuego de Dies Irae. Tras esta explosión sonora, con las primeras notas de Santadrenalina llegaba la calma. Pero unos instantes después Tupolev daba paso a Extrema pobreza y la aparente tranquilidad se transformaba en una desgarradora fuerza que nos caló profundamente.

La montaña rusa en la que nos hallábamos nos condujo a la singularidad de El viaje a Dondenosabidusientan. Y con la poderosa personalidad de este tema todavía flotando en el aire nos asomamos a la ventana de la conmovedora NYC hasta alcanzar el hipnótico compás de El pensamiento circular. Asimismo, esta magnética pieza musical servía para despedir la primera parte del concierto.

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Foto: Marta Soro

Tras una breve pausa los músicos volvieron a la palestra. Iván se había despojado de su traje gris y enfundado en una camiseta negra con la imagen de Laniakea en el pecho nos deleitó con una emotiva interpretación de Farsante al piano. Posteriormente el cantante nos presentó la siguiente composición, “hace mucho que no la tocamos”, afirmó el músico. Se trataba de Espectáculo y el anuncio desató la locura entre el público. Pero la euforia se incrementó cuando empezó a sonar Años 80 y desde ese momento las voces de todos los allí presentes se fundieron con la de Iván. Todo el mundo siguió cantando a pleno pulmón las letras de las canciones. No había espacio para el silencio. Cuando el vigués abandonaba el micrófono las estrofas seguían sonando a través de las incansables voces de los espectadores. 

Envueltos en esta atmósfera de felicidad contagiosa observamos cómo Martí Perarnau de Mucho salía a escena mientras sonaba Los restos del amor. La complicidad fluía con naturalidad sobre el escenario. Martí se unía así a la celebración musical y además, situándose en el piano, acompañó al resto de músicos en una apasionada actuación. De esta forma, las enérgicas tonalidades de Cómo conocí a vuestra madre hicieron que las ganas de comernos el mundo se multiplicaran de repente.

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Foto: Marta Soro

Aproximándonos ya a la recta final del directo, Río Alquitrán nos daba un respiro antes de que volviera el huracán. SPNB nos llevó hasta Promesas que no valen nada pasando por Insurrección de El último de la fila. Todas estas canciones fueron acogidas y coreadas con un ferviente entusiasmo por un auditorio que se mostraba totalmente entregado.

Como colofón de una noche redonda, Iván logró remover nuestros sentimientos una vez más con la belleza de El equilibrio es imposible. Y después de El Dormilón, Diecinueve de Maga y Turnedo nos dejaron sin respiración y con la emociones escapando por todos los poros de nuestra piel.

Hay que destacar el magnífico juego de luces y el maravilloso montaje compuesto por figuras de naves espaciales, de extraterrestres, de pájaros, de explosiones, de llamaradas y de espirales, entre otras, que fueron apareciendo en las pantallas en perfecta sincronía con la música a lo largo del concierto.Una asombrosa representación visual que fue preparada con mimo por Nysu films y que aportó espectacularidad a la velada.

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Foto: Marta Soro

En definitiva, Iván y todos los músicos que le acompañaron durante la noche nos ofrecieron un recital que despertó nuestros sentidos, nos mantuvo con los ojos bien abiertos todo el tiempo y logró arrancar multitud de sonrisas durante las dos horas y media que duró el concierto. Estamos ante un artista que juega con las palabras, los sonidos y las imágenes con maestría. El gallego tiene la capacidad de moverse a través de diferentes estilos y sorprender con la experimentación y exploración de una gran variedad de horizontes sonoros. Así, sin etiquetas y con la libertad creativa por bandera, el compositor consigue crear algo único. Un universo musical al que merece la pena viajar con frecuencia.

 

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