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II Salón del Cine y las Series: El cine según Kike Maíllo y Roberto Álamo

En la segunda edición del Salón del Cine y las Series, no solo pudimos disfrutar de charlas relacionadas con las series, sino que también pudimos acudir a dos coloquios de dos grandes del mundo del cine: el director Kike Maíllo y el actor Roberto Álamo.

La mayoría del coloquio con Kike Maíllo, al ser el tema principal la ciencia ficción y los robots, giró en torno a la película de Maíllo Eva, de la cual el director afirmaba que en realidad era más una película sobre psicología, ya que el objetivo del protagonista no es otro que crear un robot social, por lo que tiene que retocar ciertos aspectos de la personalidad del androide para que no sea aburrido y ahí empiezan sus dilemas morales. Dilemas propios del género y que el cineasta comentaba con humor que ya se daban en la primera obra sobre robots de la historia y que todavía nadie ha superado: Frankenstein, de Mary Shelley. “Y después de Mary Shelley”, seguía, “está Asimov”. Se siguen escribiendo historias de robots sobre las temáticas que ya trataba Asimov en sus obras por su acercamiento a la moralidad en el manejo de robots. Es más, continuaba afirmando que ahora más que nunca, la tendencia global es hacer películas de ciencia ficción como Interstellar o Arrival, que traen de vuelta a las masas esa ciencia ficción con una mirada profundamente madura y no la dirigida al público juvenil, que tanto abundaba hace una década.

A la pregunta de ¿por qué no se hacían más películas de ciencia ficción en España?, Maíllo respondía estableciendo que los cineastas al fin y al cabo, son hijos bastardos de la literatura y en España hay más drama que ciencia ficción o terror por tradición literaria. Continuaba afirmando que en este país se escribió una obra que se entiende en todo el mundo y que es totalmente costumbrista, que es El Quijote y nuestra ficción bebe de ese costumbrismo. Sin embargo, el gótico nació en Inglaterra, por eso el mundo anglosajón tiene más tradición de la ciencia ficción y el terror. Sin embargo, la generación de cineastas de Kike Maíllo ha crecido con el caldo de cultivo de unas películas americanas maravillosas de terror, ciencia ficción, fantasía, etc. y por eso se está empezando a hacer este tipo de películas en nuestro país ahora y no antes, porque los creadores anteriores no habían tenido ese caldo de cultivo.

Para finalizar, Maíllo nos habló de varios proyectos que tiene en mente. Entre ellos, la historia de un chaval de veinticinco años que buscando la manera de mover una mano robótica con la mente, descubre como leer el pensamiento. Esto le llevará a una diversión sin fin, que pronto se acabará al descubrir que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Desde luego, en No Submarines estamos deseando ver este proyecto en la gran pantalla y le deseamos todo lo mejor a este cineasta.

Roberto Álamo llegó a La Farga de l’Hospitalet con humildad, empezando el coloquio comentando que estaba allí con un poco de pudor, preguntándose si realmente tenía algo importante que contar sin estar protegido por un personaje. Pero, en nuestra opinión, el actor se subestimaba y en la charla dirigida por el gran Juan Cruz se trataron temas relacionados con la interpretación muy interesantes.

En primer lugar, Álamo afirmaba que para él lo más importante a la hora de interpretar un papel era hacerlo desde la verdad, desde la esencia. “Soy consciente de que tengo una imagen de tipo duro, pero solo puedo hacer un papel desde un punto totalmente quebradizo porque si no caería en el cliché”, añadía y continuaba diciendo que en el arte lo más importante es lo humano. “A un director le pido humanidad, que utilice la humanidad para comunicarse con los actores, que intente que los de su alrededor estén bien cuidados y que escuche a sus actores.”

Por otra parte, comentaba que el personaje que más le había marcado era el del boxeador Urtain, al que interpretó en la obra de teatro que lleva su nombre y sin embargo, afirmaba que los personajes que había interpretado no le habían cambiado porque eran todos distintos a él en lo exterior (como andaba, como hablaban, como tocaban, etc.), pero las emociones eran las mismas  que las suyas, solo tenía que modularlas para llegar a interpretarlos.

Finalmente, a los actores jóvenes que había en la sala les decía que a él, que se supone que ya tenía un éxito en la profesión, no le cogían en el 90% de los castings a los que se presentaba y que para entrar en el mundillo, citando a Harvey Keitel, cuando trabajasen, tenían que dar todo de ellos y se dejaran la piel para que cuando un director o productor viera su trabajo dijera “ese tío es bueno, yo quiero a ese tío”.

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