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10 películas que inspiraron ‘Mad Men’

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¡Hoy nos vamos al cine con Don y Peggy! Con motivo del 10º aniversario del estreno de MAD MEN en AMC, en No Submarines hemos querido rendirle nuestro especial tributo a la serie analizándola a través de las películas que, desde su aspecto estético y formal al narrativo y conceptual, influyeron a Matthew Weiner durante el proceso creativo de la serie.

Un total de 10 películas que fueron de visionado obligado para el equipo de la serie antes del rodaje de su piloto, pero que a su vez aportan un nivel de relectura que hace las delicias de los más MadMeneros. Aunque, tampoco os vamos a engañar: alguna de ellas casi habríamos preferido no verla (os avisaremos).

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Desde clásicos del viejo Hollywood de finales de la década de los 50 y principios de los 60, a propuestas menos conocidas escritas originalmente para televisión, pasando por la Nouvelle Vague… haremos un recorrido por la lista curada por Weiner con nuestras impresiones y de hasta qué punto vemos rastros de Mad Men a través de estos films, sus escenarios, personajes y temáticas identificadas. Dado que muchos de ellos ofrecen lecturas compartidas, hemos agrupado las distintas películas en bloques temáticos para facilitar nuestro análisis. [Aquí encontraréis el listado de películas en el orden que dejó pautado Matthew Weiner junto sus anotaciones.]

Hitchcock y Lynch: dualidad, búsqueda de identidad, obsesiones y deseos

Resulta innegable la influencia de Alfred Hitchcock en Mad Men. No sólo lo vemos en los títulos de crédito de la serie que con un estilo a lo Saul Bass recuerdan Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), también la imagen que proyecta el publicista que personifica Cary Grant evocan a la de nuestro Don Draper. Aquí Cary Grant es Roger Thornhill un creativo de publicidad a quien acaban confundiendo con George Kaplan, un agente de encubierto a quién un gánster quiere liquidar. “Kaplan” no deja de ser el Macguffin que hace que la historia avance en este film de aventuras por medio USA (de Nueva York a Monte Rushmore).

El engaño, la búsqueda de la identidad perdida y la dualidad del personaje de Grant son otro de los puntos en común que guarda con la serie: a lo largo de 7 temporadas y 92 episodios seguimos a Don-Dick en su búsqueda de identidad.

Las obsesiones y deseos personificados en ‘Scottie’ Ferguson (James Stewart) en Vértigo (Vertigo, 1958), un detective retirado que acaba obsesionándose por la imagen que él mismo acabó creando de una mujer que prometió vigilar, son otro elemento más que vemos reflejado en el estudio psicológico y viaje interior e identitario de los personajes de Mad Men. El mismo Don Draper es un claro ejemplo de ese ser torturado, que se esconde tras esa imagen de ganador que proyecta; incluso en algunos de los episodios más alucinógenos que nos regaló la serie, vemos la parte más sórdida de la psique de Don-Dick: desde recuerdos de la infancia en el burdel donde creció a las pesadillas en las que acababa matando a una de sus amantes del pasado.

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Otro gran heredero en el retrato de obsesiones y deseos y de lo dual es David Lynch. Aunque de entrada resulta curiosa la inclusión de Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), disfrutamos la elección. La ambientación que consigue recrear en este hermoso pueblo lleno de horrores muestran nuevamente que nada es lo que parece, como las casas suburbiales de la familia Draper de las primeras temporadas de la serie: ¿retrato de una familia feliz?

Por último señalar, ya que hablamos de dualidades de la mano de Hitchcock y Lynch, y más allá del simbolismo en su cine, no podemos dejar de ver en la variedad de rubias y morenas que, de forma significativa, han formado parte de la vida de Don (Betty, Suzzane, Faye y Megan) un homenaje a su cine.

Roles de género, convenciones sociales y el sexismo de los 60 dentro y fuera de las oficinas

Si algo se respira en Sterling Cooper desde el primer capítulo es el sexismo extremo de las oficinas. Las secretarias y demás mujeres son tratadas como carnaza a la que los hombres, sin ningún tipo de pudor ni rubor, se acercan creyéndose en pleno derecho. Y si es por cuestiones laborales, en desacreditarlas y menospreciarlas.

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Una de las primeras películas en la que puede verse este claro reflejo es El apartamento (The Apartment, 1960) de Billy Wilder. Protagonizada por Jack Lemmon y Shirley MacLaine, Lemmon es C.C. Baxter, uno de los muchos corredores de seguros de una gran compañía de Nueva York. Su apartamento se convierte en el bien preciado de varios de sus superiores: un lugar al que llevar a sus conquistas a escondidas; muchas de ellas, secretarias de la misma empresa, de quienes no dudan en deshacerse cuando les place. Familiar, ¿verdad? Varias escenas en las oficinas recuerdan a las fiestas vividas en Sterling Cooper y demás versiones de la misma. Entre ellas, la del capítulo de navidad de la tercera temporada del que ya hicimos alusión hace unos meses.

Y cuando tenemos al grupo junto, se animan entre ellos. En el capítulo piloto, sin ir más lejos, tenemos un par de ejemplos claros protagonizados por Pete, Kinsey, Ken y Harry: apostando por quién iba a ser el primero en acostarse con Peggy (recién llegada a la oficina) y, hacia el final del episodio en la despedida de soltero de Pete, con todo el grupo dispuesto a llevarse algún premio. Justamente la despedida de soltero de un compañero de trabajo es la protagonista de uno de los films listados por Weiner, La noche de los maridos (The Bachelor Party, 1957) de Delbert Mann: una de las películas que hemos visto para que no tengáis que hacerlo vosotros (odiamos el final).

Protagonizada por Don Murray (actualmente lo encontraréis interpretando a Bushnell Mullins, jefe de Cooper-Dougie en Twin Peaks), Murray es Charlie, un joven casado que junto a otros cuatro compañeros de trabajo salen una noche para celebrar la última noche como soltero de uno de ellos. En esta noche de maridos (solo uno de ellos está soltero, aparte del novio), y entre anhelos de tiempos mejores, los cinco recorren la ciudad por una variedad de garitos y bares en busca de diversión, como dicta la norma social. Entre confidencias vemos cómo esgrimen sus inseguridades ante la vida matrimonial que llevan, en un presente que no habían pensado tener. La infidelidad, la búsqueda de la felicidad y el miedo a la soledad son algunos de los temas que refleja la película de Delbert.

Más allá de este grupo de hombres, tenemos un par de escenas protagonizadas por la esposa del protagonista, Helen (Patricia Smith) y su hermana Julie (Nancy Marchand) que resultan dolorosas por la realidad que retratan: la permisividad del adulterio del marido por el mero hecho de tener hijos en común y el objetivo de mantener a flote un matrimonio como dictan las normas sociales. La escena, con ellas dos en la cocina  fumando, recuerda a muchas de las protagonizadas por Betty (January Jones) junto Francine (Anne Louise Dudek) en la cocina de los Draper.

Del adúltero old fashioned y cool a las damiselas enamoradizas y poco decorosas

Fue esta película lo que me impulsó a escribir el piloto(…)” Así iniciaba Matthew Weiner su reseña de Querido corazón (Dear Heart, 1964), nuevamente con Delbert Mann como director. En esencia, Harry Mork (Glenn Ford) personifica esta imagen de hombre casado que aprovecha los viajes de negocios para tener sus diversos encuentros amorosos, muy a lo Don Draper. Detalles como el de Mitchell, una de sus amantes y pintora, nos recordó a Don en el capítulo piloto de la serie, donde lo vemos con Midge (Rosemarie DeWitt), su amante bohemia pintora. Por suerte, Weiner a partir de ahí “tiró millas” porque, la película no tiene muchos más reseñable; aparte de ofreceros la posibilidad de ver a Angela Lansbury (con 40 años) como la nueva esposa de Harry Phillys, poco más. Es una comedia del viejo Hollywood de los 60.

Tanto este Querido corazón (1964) de Mann, como El apartamento de Wilder (1960) y La noche de los maridos (1957) proyectan el sexismo imperante de la década de los sesenta que vemos también en la serie; una óptica de la época donde al promiscuidad y el adulterio es aceptado y socialmente permitido, si eres hombre.

Entre tanto retrato masculinizado hemos emparejado las dos propuestas que en mayor o menor medida ayudaron a crear el cuadro femenino de Mad Men: Las buenas chicas (Les Bonnes Femmes, 1960) de Claude Chabrol y Mujeres frente al amor (The Best Of Everything, 1959) de Jean Negulesco.

Con tintes de suspense y humor negro Les Bonnes Femmes nos presenta a Jacqueline, la chica nueva e ingenua que entra a trabajar a la tienda de electrodomésticos junto a Jane, la fiestera del grupo; Rita, que está en pleno proceso de conocer a la familia de su novio, en vistas de boda, y; de Ginette (interpretada por Stéphane Audran, nuestra cocinera favorita del cine Babette), a quién le gusta mantener siempre cierta distancia con los aferes más personales. Cuando el turno de trabajo acaba, salen juntas de fiesta por la ciudad.

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A pesar que la historia guarda cierta moralina (“cuidado con lo que deseas”, “no todo es lo que parece”) resulta agradable ver una propuesta donde los personajes femeninos no son juzgados. Entre los cuatro personajes, hay características que recuerdan a Joan y Peggy; pero son sobre todo Ginette-Joan, como la figura autoritaria, que mantiene las distancias con el resto pero no por ella deja de apoyarlas y Jacqueline-Peggy personificando a la chica nueva, algo ingenua, las que tienen una relación más clara con la serie.

De forma anecdótica (o quizá no lo sea), a la imagen que abre la última secuencia del film de Chabrol solo le faltaba el logo de Mad Men: la cámara se sostiene varios segundos en esa posición y resulta imposible no acordarse de Mad Men.

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Y de una gran sorpresa a un melodrama insípido del viejo Hollywood: ni por ver a Joan Crawford os la recomendamos. The Best Of Everything no esconde el cautionary tale que es. Basada en la exitosa novela homónima de Rona Jaffe, quiere mostrarnos la vida de tres chicas que trabajan en una gran editorial y sus amoríos: Caroline (Hope Lange), April (Diane Baker) y Gregg (Suzy Parker). Ambas son secretarias en unas lujosas oficina de Manhattan. Amanda Farrow (Joan Crawford) y de Fred Shalimar (Brian Aherne) son sus superiores.

Más allá del ambiente de oficina, como hemos visto en otros de los films, y los líos amorosos que conducen la historia de estas tres chicas, poco más resaltaremos. La novela en la que se basa apareció brevemente en el sexto capítulo de la primera temporada de Mad Men: Don la leía mientras estaba recostado en la cama.

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Ambición, poder y grandes corporaciones

Rod Serling nos sorprendió con el guión de El precio del triunfo (Patterns, 1956). Alejado del género de la ciencia ficción por el que lo conocimos (creador del clásico televisivo The Twilight Zone), en esta película dirigida por Fielder Cook realiza una crítica del capitalismo voraz y a las grandes corporaciones a través de Fred Staples (Van Hefflin), un prometedor empresario que entra a formar parte de un gran complejo empresarial neoyorkino dirigido por el despótico Walter Ramsey (Everett Sloane), que con vistas de innovar y acrecentar el poder de la corporación intenta relegar al viejo William Briggs (Ed Begley) de su puesto. Con esta película de gran solvencia narrativa (fue estrenada en formato televisivo un año antes) no pudimos evitar acordarnos de las luchas por los ascensos vividas en las oficinas de Sterling, así como en McCann, la gran agencia publicitaria que desde el inicio de Mad Men estuvo detrás de Draper y de la fuerza creativa de Sterling.

El cobarde vividor

Podríamos haber incluido La americanización de Emily (The Americanization of Emily, 1964) de Arthur Hiller dentro del grupo del retrato de adúlteros old fashioned señalado más arriba. Pero hay algo más en este film antibelicista que la distingue. Protagonizada por James Garner y Julie Andrews, Garner es Charlie Madison un soldado que intenta a toda costa escabullirse de ser enviado al frente en tiempos de la II Guerra Mundial. Durante su estancia en Inglaterra con el resto de la tropa conoce a Emily, una mujer viuda (ha perdido a su marido en la guerra) que trabaja para las tropas allí destinadas.

Como podréis adivinar se inicia una relación amorosa entre ellos (la “americanización” es un término que remite al sexo de los soldados americanos en épocas de guerra) pero son la ironía y cinismo de muchos de los diálogos de este soldado que predica la cobardía como acto salvador uno de los fuertes del film. En aspectos como la cobardía del soldado y su dotes de “Don Juan” recuerdan a Don Draper.

Más allá de este perfil, no pudimos evitar acordarnos de la serie de Weiner cuando, entre las botellas de alcohol que llegaban en las diferentes remesas que recibían los soldados, había paquetes de chocolatinas Hershey’s.

Desde la literatura al cine, pasando por la arquitectura, la música y la moda, son muchas las influencias que Matthew Weiner capturó para crear Mad Men. Gracias a ello consiguió no solo retratar una época con gran riqueza de detalles, sino que llegó a seducirnos con este retrato de la sociedad americana de la década de los sesenta a través de este agencia publicitaria neoyorquina.

Pueden hacerse muchas otras lecturas de sus influencias (antes y después de la serie) pero desde No Submarines hemos querido hacerlo con esta selección de películas. Esperamos haberos animado a realizar vuestro propio visionado.

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