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‘Blade Runner 2049’, una oda a la libertad del individuo

Ilusión, emoción y cierta prudencia, por no decir miedo, fue lo que sentimos cuando supimos que Blade Runner tendría una secuela. Esta prudencia a caballo entre el miedo y la ilusión no se disipó incluso cuando supimos que Denis Villeneuve sería el director. Miedo porque amar una obra no significa siempre hacerle bien, ni ofrecer algo diferente, aunque al frente esté alguien a priori solvente para tal empresa. Teníamos muy presente el fiasco que supuso para nosotras la secuela precuela de Star Wars, en la que el propio George Lucas quiso expandir el universo creado por él mismo, dándole tal vuelta de tuerca que su saga acabó pareciendo más una aventura de caballeros medievales espaciales con tintes folletinescos. Pero por suerte, de vez en cuando se produce una maravillosa anomalía que nos hace tener esperanza y ese es el caso que nos ocupa con Blade Runner 2049.

Denis Villeneuve entiende qué fue y es Blade Runner y, al contrario de tantos otros, va a la esencia de la obra original, a los conceptos que la definen, e interioriza su universo en vez de limitarse a copiar. Las referencias al pasado son las justas para hacernos ver que estamos en el mismo lugar, pero en otro tiempo; incluso los cortos previos que narran los sucesos anteriores a 2049 se acogen a esta directriz, destacando por encima de todos el magnifico anime de 15′, Black Out 2022 de Shinichiro Watanabe (Cowboy Beebop) y el papel de Deckart (Harrison Ford) en la cinta enlaza con su discurso, sin dejar de lado el cariño y la nostalgia.

Si la película original daba pequeñas pinceladas de su mundo, Villeneuve lo amplía sin reparar en gastos ni en tiempo para recrearse en la experiencia sublime tan característica de la ciencia ficción. El canadiense comprende los valores del silencio y la sutileza, siendo esto una de las claves de la película. Si recordamos su filmografía, nos damos cuenta de que es el cineasta idóneo para ponerse al frente de este proyecto; su preciosismo por la imagen y su maravillosa narración visual consiguen esa atmósfera trascendental que le van como un guante a la obra de Philip K. Dick y a la ciencia ficción clásica. Ya en Arrival pudimos ser testigos de esto.

Uno de los aciertos de la película es haber sabido mantener el efecto de evocación de la original, algo indisoluble de su esencia, pero sabiendo contenerse y a la vez desarrollando su universo lo justo para dejar el resto a la imaginación y no distraer de lo que de verdad importa. Parte de la experiencia estética reside en abrumar al espectador reduciéndole frente al poder de la inmensidad, sensación que podemos sentir con la maravillosa fotografía creada por Roger Deakins (no nos extrañaría que empezase a cosechar nominaciones y premios por este trabajo).

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El otro gran acierto de la película es el mensaje filosófico y existencialista, algo característico de la ciencia ficción literaria en la que se enmarca ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela de Dick en la que se basa la cinta original. Su reflexión tenía un claro hilo conductor que formaba un discurso bastante unitario: los replicantes y su motivación. A través de su observación y pensamientos, dilucidábamos el resultado final. En Blade Runner 2049, ese foco se pluraliza y cada personaje muestra una visión distinta sobre el asunto de la humanidad. ¿Qué nos hace humanos? Parece que el mensaje se supera hacia nuevos horizontes y se acerca al transhumanismo.

La cinta consigue alcanzar sus objetivos respecto al mensaje filosófico y existencialista gracias a un inteligente guión defendido con unas interpretaciones a la altura, destacando Ryan Gosling cuyo hieratismo le viene como anillo al dedo a su personaje de K y una Ana de Armas que va a acallar muchas bocas con su cuidada interpretación de Joi, personaje que se convierte en uno de los mayores logros del guión firmado por  Hampton Fancher y Michael Green.

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También queremos destacar la banda sonora creada por Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch. Nos ha sorprendido escuchar a un Zimmer menos grandilocuente potenciando lo ambiental por encima de todo para dar así cierta continuidad con la maravillosa música compuesta por Vangelis para Blade Runner.

A algunos puede que os resulte una película excesivamente lenta, pero para nosotras su ritmo pausado no es más que otro acierto. Al estilo clásico, tomándose su tiempo para situar las piezas sobre el tablero, permitiendo que los personajes y tramas se desarrollen de una forma natural y no atropellada. Quizá os resulte extraño de comprender dada la época en la que vivimos acelerados y con la sensación constante de llegar siempre tarde, incluso sin ser así; se agradece este tipo de narración. Así cada fotograma se saborea y disfruta más.

Con Blade Runner 2049, Villeneuve ha dado una lección de cómo debe ser una secuela respetando a su original, pero dándole un giro al género en favor de la indagación sobre la naturaleza humana, con un producto asombrosamente elegante y visualmente impresionante.

1 comentario

  1. hemosvisto says

    Faltan 10 minutos para que empiece la película… Comparto los nervios, más que nada porque no vi la original… Eso sí ganas también y más después de leer críticas tan fabulosas como la tuya.

    Le gusta a 1 persona

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