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Festival de Sitges 2017: los placeres violentos tienen finales violentos

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En estos dos últimos días del Festival de Sitges hemos podido ver películas en las que la violencia ha sido la protagonista: las estadounidenses Brawl In Cell Block 99 y My Friend Dahmer y la surcoreana La villana.

Brawl In Cell Block 99: no habrá paz para los malvados

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Bone Tomahawk, el trabajo anterior del guionista y director S. Craig Zahler, fue una de las películas estrella de la 48ª edición del Festival, un western con una tribu de indios caníbales que se llevó el Premio a Mejor Dirección. En Brawl In Cell Block 99, esta vez Zahler nos cuenta la historia de Bradley, un exboxeador que se ve obligado a trabajar transportando droga para un amigo. Sin embargo, uno de los trabajos saldrá mal, resultando herido en un tiroteo y acabando ingresando en la cárcel en la que le chantajearán para realizar actos violentos.

Que S. Craig Zahler se siente atraído por historias preñadas de violencia, ya lo sabíamos por el resto de títulos de su filmografía, y Brawl In Cell Block 99 no iba a ser diferente. La brutalidad de algunas de sus escenas hace que el espectador se retuerza en la butaca del cine más de una vez. Por otro lado, el esqueleto de este film no tiene ningún recoveco y la línea narrativa central avanza de forma bastante directa, recayendo todo el peso de la trama en el protagonista y su habilidad para superar los obstáculos que se interponen en su camino.

Es por eso que la pieza clave de Brawl In Cell Block 99 no es otra que el actor protagonista Vince Vaughn. Un intérprete capaz de mostrar ira contenida incluso en los momentos más violentos del film, y a la vez, expresar en gestos escuetos y sutiles pequeñas dosis de dulzura atípicos en un hombre de sus características. Brawl In Cell Bock 99 no es superior al trabajo anterior de Zahler, pero sí un ejercicio de guion elegante en su simpleza y eficiente en su ejecución.

My Friend Dahmer: cómo criar a un asesino

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En 1991, los detalles escabrosos de los diecisiete asesinatos que cometió Jeffrey Dahmer desde los 18 a los 34 años ocuparon las portadas de todos los periódicos de Estados Unidos. Finalmente, lo asesinaron en prisión en 1994, donde cumplía sus quince cadenas perpetuas. My Friend Dahmer nos relata sus días en el instituto, antes de convertirse en un asesino.

“Soy igual que el resto”, le dice Jeff a su amigo Derf  y ¿acaso no es eso lo que quiso transmitirnos Derf Backderf con su cómic y ahora Marc Meyers con su adaptación al cine? Nos gustaría pensar que las personas que cometen crímenes atroces como Dahmer son muy distintos a cualquiera de nosotros, personas más parecidas a un animal que a un ser humano, pero lo cierto es que Jeffrey Dahmer era un adolescente marginado más.

Poco a poco, se nos muestra como ese adolescente marginado en el instituto y desasociado de sus padres, pasa de su fijación por diseccionar animales muertos a otro tipo de deseos más macabros. Aunque siempre hay cierta distancia entre el personaje de Dahmer y el espectador, Meyers intenta que el público establezca una conexión con él a través de esos pequeños momentos que todos hemos vivido, como el orgullo de conseguir una cita o la feliz sensación de hacer reír a tus amigos. Sin embargo, esto también hace que el guion tenga un ritmo algo lento y quizás el metraje sienta algo extendido para una historia con tan poco desarrollo.

La villana: los surcoreanos lo hacen mejor

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La vida de Sook-hee quedó marcada el día que presenció el brutal asesinato de su padre cuando solo era una niña. Desde entonces, se ve involucrada en una organización criminal que la entrena para ser una asesina despiadada. Años más tarde, la jefa del servicio de información la recluta para entregar su vida al país y le promete la libertad en diez años a cambio de cumplir sus misiones sin preguntas. Así, Sook-hee lleva una doble vida, por un lado es una famosa actriz de teatro y por otro, una asesina a sueldo. Pero el deseo de vengar la muerte de su padre nunca le ha abandonado.

Hay películas que no están destinadas a dedicarles una gran reflexión ni a meditar su argumento, hay películas que están destinadas a disfrutar del espectáculo y, definitivamente, La villana es una de ellas. La película ya establece su intención de dejarnos con la boca abierta con una prolongada secuencia rodada con perspectiva de videojuego de first person shooter. El público debe ir a ver esta producción surcoreana para maravillarse con los trucos visuales, con secuencias como la mencionada anteriormente, que dejarían anonadado hasta al director de fotografía más experimentado. Narrativamente, es otro cantar, con giros dignos de una buena telenovela, pero nunca deberíamos pedirle peras al olmo, y lo que sí está claro es que en Hollywood podrían aprender un par de cosas de las películas de acción surcoreanas como esta.

Desde No Submarines seguiremos ofreciéndoos crónicas de lo más destacable del festival, ¡seguid conectados!

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