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‘Jim y Andy’: humor roto, con doble careta

Todos tenemos una montaña de sueños que nos encantaría escalar. Sudar, arañar, gritar, chillar, forzar hasta conseguir aquel objetivo soñado; un tortuoso camino que deja, a su paso, la sombra de circunstancias y el fantasma de “otras opciones”. Sin embargo, hay peleas que son complicadas de batallar; en este caso, ¿hasta qué punto uno es capaz de vender su realidad y enmascararse bajo el disfraz que todo el mundo está esperando?

De este modo se plantea uno de los pilares principales del nuevo documental de Netflix, Jim y Andy. El proyecto, dirigido por Chris Smith, bucea en la mirada del famoso actor Jim Carrey durante todo el proceso de producción de la película Man on the Moon (1999), donde el actor tomó, de forma radical, el papel del cómico Andy Kaufman.

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Así, el documental nos demuestra distintas facciones de uno de los actores mejor pagados de la década de los 90 (y principios de los 00’s): el polifacético Jim Carrey: un “juguete roto” adulto con al que sí mismo se supo exprimir para beneficio de su propio estrellato. Llegar hasta tal punto que no reconozcas donde empieza tu personalidad y termina la de tu personaje, como demuestran la recopilación de imágenes tras las cámaras de la película en la que interpreta a Andy. Andy de día, Jim de noche: dos personalidades conviviendo, al mismo tiempo, en un mismo cuerpo.

Con una sinceridad avasalladora, supone un fiel retrato de un Carrey, destrozado por dentro, que se amarra a la vida de otra persona que, con cierta similitud a él, siempre ha aspirado (o ha deseado) ser. El bosquejo de cómo Andy supo reconducir la vida espiritual de una persona y lo reconfortó, en cierto modo, bajo las grietas de su coraza. Curar heridas que por entonces estaban palpitante y ayudarle a encontrar luz en un bosque desconocido de sí mismo.

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Así, Jim y Andy se presenta como un agradable recordatorio de lo verdaderamente kaufkiano; un momento en la vida de Carrey que no solo le valió numerosos premios , sino una enseñanza de sí mismo. ¿Hasta qué punto podía saber él lo roto que uno se encuentra?

Cuando más fuerza la sonrisa, a pesar del brillo que desprendes no lo demuestre.  Cuando te conviertes en tu propia sombra a tamaño real. Un fuego fatuo de tu ser que para sorprender al resto pero que resulta una propia leyenda para uno mismo. Y que, a pesar del drama real, la comedia permanece y hay que saber llevarla a a buen puerto. Primero como Andy y después como Jim: un humor roto, pero con doble careta.

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