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Damien Chazelle y el año de los soñadores

(¡No olvides darle al play para hacer sonoro el ‘Director del año’!)

Siempre me ha gustado pensar que las ideas nacen en nuestra cabeza como una pequeña llama que prende. A veces la dejamos que muera con toda crueldad y otra la abrigamos bajo el ala de un sentimiento superior. La esperanza quizá de que algo pueda suponer un cambio, propio o exterior, grande o pequeño. Un sueño que adormece la punta de los dedos y hace convivir la consciencia en una nube constante. La sonrisa torcida y un “vaya bobada”, cuando el raciocinio pide irrumpir. Y, a pesar de que parezca que la llama ha apagado su rabia, las cenizas dejan una marca inherente para toda la vida llamada frustración. Una cicatriz que acompañará el resto del camino.

Qué tontería ¿verdad?, el ser saboteadores de nuestro propio destino. Se ha impuesto la idea de que la vida es demasiado dura para los que se dejan llevar por el corazón; no hay hueco para los que sueñan de día: soñadores, cuyo espacio siempre será el de inertes esperanzas que uno guarda, de forma íntima, deshechas y en una bolsita.

¿Qué ocurre cuando, llegado el momento, todas estas impresiones que te han metido en la cabeza dejan de tener sentido? Todo a tu alrededor comienza a teñirse de otro color: una gama de brillantes que forman el camino de baldosas amarillas. Paso, a paso, blandiendo alto la cabeza. Luchando, peleando, chillando. Volando alto y volviendo a levantar el vuelo otra vez, a pesar de que el sol te destruya las alas.

Empezar a conocer que el “no” es una mera palabra y no una barrera real. Que las lágrimas siempre traen un nuevo amanecer y que vivir en las nubes está libre de hipotecas. La metáfora de una constante lucha que un musical saturado de bienestar ha sabido reflejar mediante la pureza de Chazelle. Con un grito ahogado: ¡nunca abandones lo que quieres, joder! Baila, escribe, trabaja, ama, actúa, toca, besa, vive. Pero hazlo. Y sobre todo, hazlo soñando con que lo conseguirás, pase lo que pase.

Ya lo dice aquella frase (un poco manida) de película: “son tiempos duros para los soñadores”. Lo siento, Amélie Poulain, pero estas muy lejos de la realidad.

A día de hoy, el mundo, sin duda alguna, es de los sueños. Y que alegría más tonta que Damien Chazelle haya conseguido abanderar tan pleno sentimiento.

Gracias de corazón, Damien.

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