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Director del mes: Todd Haynes

Nunca es fácil convertirse en icono de referencia dentro de un movimiento social que se vincula a la cultura. Ser el reflejo de una sombra de la sociedad que grita en silencio por darse a conocer. Sin miedo a la polémica o “al qué dirán”, así se presenta un ejemplo de valentía y coraje a la hora de afrontar los proyectos de su vida.

Todd Haynes se presenta ante el mundo como el aliado perfecto de los que tienen voz. Una confrontación importante de afrontar y que se han reflejado en cada poro de su filmografía; la delicadeza de conocer cómo normalizar lo que para todo el mundo debería ser corriente y saber remover cada hilo de los corazones que se ponen ante su pantalla.

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Su primera película será la que le comenzará a abrir las puertas de uno de los movimientos emergentes del momento: el New queer cinema. Su película Poison (1991)¸ basado en los escritos del escritor Jean Genet, se convirtió en una representación para el colectivo homosexual de los años noventa. Y, por si entonces cabían dudas de su influencia al respecto, lo confirmó con su segundo título Safe (1995), que le confirmó como un director de coraje que va más allá de un “mero realizador del movimiento”. Un trascendente que tiene ganas de contar lo que otros no quieren.

Sin embargo, será en el nuevo milenio cuando la trascendencia de su trabajo más allá del ámbito independiente tenga lugar. En 2002 tiene lugar una de las películas más relevantes de su carrera: Far from Heaven. En ella nos narra la vida de un ama de casa (protagonizada por Julianne Moore) que ve como su vida perfecta comienza a desmoronarse de la noche a la mañana. Temas como el racismo, el clasismo y la homofobia se entremezclan en una historia que viaja más allá y que hizo ganar a Haynes diversos premios del público y la crítica.

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Años más tarde llegará otra de sus historias más locas por el enfoque de interpretación: I’m not here, un biopic sobre el famoso artista Bob Dylan. Una locura donde seis intérpretes distintos encarnan los distintos momentos de vida del cantautor, incluida la mismísima y magnífica Cate Blanchett.

De hecho, tal será la relevancia de su interpretación que el mismo Haynes decide repetir ocho años más tarde con ella como protagonista en Carol (2015). La película, que tuvo una gran repercusión debido a sus diversas nominaciones en los Premios Oscar y su éxito en Cannes, refleja el conflicto del amor frente a la normatividad. Un filme que versa sobre la relación de una mujer, que ama a otra, pero que se encuentra atrapada en lo “totalmente” normativo y que termina desgarrándola por dentro.

Y es que, a pesar de la “fantasía” o lejanía con la que este director trata las historias, su metáfora se puede traspasar perfectamente a la realidad actual. La de una sociedad a la que todavía le cuesta comprender que no hay barreras en el amor, la vida y las personas. Todd Haynes sabe cómo desnudar a las personas: tal que lo único que importe sea lo que hay dentro. El resto que se lo queden los normativamente ineptos.

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