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‘Todo el dinero del mundo’, Ridley Scott sigue en plena forma

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Ridley Scott toma parte de la novela del escritor británico John Pearson, Painfully Rich: The Outrageous Fortune and Misfortunes of the Heirs of J. Paul Getty para contar junto al guionista David Scarpa el secuestro que tuvo lugar en la Roma de 1973 del nieto de John Paul Getty (Christopher Plummer), empresario y magnate del petróleo que llegó a ser el hombre más rico del mundo. La película relata el esfuerzo y calvario de Gail Harris (Michelle Williams) por conseguir los 17 millones de dólares que piden los secuestradores a cambio de su hijo, tras la negativa del abuelo a pagar el rescate.

Con una primera secuencia acompañada por un blanco y negro que sugiere un breve homenaje al cine de Fellini, en pocos minutos se intuye que estamos ante una cinta frenética y veloz. Y es que, a sus 80 años, Scott ha vuelto con un thriller ágil y dinámico en el que hay que destacar el montaje. Un montaje que a veces puede parecer caótico pero que, como ya nos demostró en Black Hawk Derribado, consigue alternar las secuencias de tensión y de distensión con mucha sutileza y mano firme.

En lo relativo a los actores cabe destacar una Michelle Williams impresionante, sobre la que recae la carga emocional de la cinta, y un gigante Christopher Plummer que aporta la pausa y la calma. Mark Wahlberg está acertado, pero queda totalmente eclipsado por sus dos compañeros protagonistas. Es muy interesante como Scott combina las secuencias del secuestro con la mafia italiana y como cambia de registro para intentar un acercamiento psicológico sobre el magnate del petróleo. ¿Cuales son las motivaciones y aspiraciones del hombre que lo tiene todo? ¿Qué desea la persona más rica del planeta? Ser más rica. Un misántropo que el dinero ha deshumanizado y en quien Scott personifica los límites de la codicia y la avaricia humana.

Por otra parte, se aprecia un riguroso cuidado y esmero del equipo técnico a la hora recrear la Italia de los anni di piombo (años de plomo), época que transcurre desde 1969 hasta 1980. Scott ha demostrado en varias ocasiones que es uno de los directores que mejor sabe reflejar, con una fidelidad admirable, la época en la que transcurren sus largometrajes (el Imperio Romano en Gladiator o los años de las cruzadas europeas en pleno siglo XII en El reino de los cielos). Se nota tanto en el vestuario y en la ambientación, como en la situación de inestabilidad política y social que se vivía durante esos días, el trabajo de investigación que hay detrás para mostrar cada resquicio de la Italia de los años 70.

Puede que el mayor reclamo de la cinta sean las polémicas decisiones tomadas después de las demandas por abuso sexual contra Kevin Spacey. Sin embargo, la película por sí sola tiene motivos suficientes para ser recordada como uno de los mejores thrillers de año.

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