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Americana Film Fest: vol. I

El Americana Film Fest ha abierto sus puertas y ya hemos podido catar algunas de las producciones que nos han traído hasta Barcelona. Como en las mejores familias, ha habido un poco de todo en estos dos primeros días y, aunque de momento no nos hemos pegado el gran atracón, sí que podemos empezar a recomendaros películas que no os podéis perder.

DAYVEON

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Dayveon, un joven afroamericano de Arkansas, murmura cuán estúpido es todo lo que le rodea mientras pedalea calle abajo. Sus palabras, plagadas de negatividad, no dejan lugar a dudas: el joven está sumido en la más profunda tristeza y nosotros estamos a punto de presenciar un coming of age crudo y real como la vida. O eso nos anuncia su prólogo.

Dayveon es un joven huérfano de padres (no están muertos, pero sí ausentes de la escena familiar) y cuyo hermano ha muerto de un disparo en una disputa local. La película Amman Abbasi es toda una declaración de intenciones ya desde sus primeros minutos en los que el adolescente es presentado casi como si de un miembro de una banda carcelaria se tratase: pese a su corta edad ya está levantando pesas (a duras penas) e incluso manejando armas mientras murmura palabras acerca de la muerte y de la crueldad de su vida y de la de su familia.

Dayveon se nos dibuja como un juguete roto, cuyo único rincón de paz es aquel en el que conserva el póster de homenaje a su difunto hermano y la caja de los secretos en la que guarda el arma del mismo. El pequeño tiene claro que su vida, dadas las circunstancias, tiene que tomar un cariz mucho más arriesgado y adulto (a semejanza de la de su difunto hermano), y por ello va en busca de la banda local más problemática -los Bloods- para que le admitan en ella. Tras algunos insultos y golpes, Dayveon será admitido en la banda y todo su mundo, tanto dentro como fuera del hogar que comparte con su otra hermana y su cuñado, comenzará a cambiar.

Es indudable pensar que la película de Amman Abbasi tiene parte de autobiografía. El director, hijo de pakistaníes inmigrantes y criado en Arkansas, conecta sus historias directamente con el mundo y entorno en el que vive. Quizá por ello, tomó la decisión de trabajar con actores naturales, y quizá ese sea uno de los puntos más positivos de su película. Y es que cierto que aunque Dayveon tenga un empaque de película tremendamente pequeña, su declive no radica aquí. De hecho, esa buscada suciedad en la imagen se me antoja bastante acertada para el guión que aquí nos acontece. Sin embargo, Abbasi no consigue que ese buscado tono haga mella en el espectador y aún teniendo una base y una forma fílmica notables y un actor protagonista potente y enormemente natural, narrativamente la película acaba por resultar repetitiva y maltrecha, sobre todo en su tercer acto, que parece quedarse a medias de esa explosión que veníamos esperando desde el principio.

GOLDEN EXITS

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Como es habitual, Alex Ross Perry sigue en esa búsqueda y exploración de personajes poco comunes. Quizá esto, sea la mecha que espanta y atrae por partes iguales a los espectadores de sus películas. Golden Exits es una historia de personajes en Nueva York (un poco a lo Woody Allen pero sin un ápice de su comedia) que luchan por afrontar la inestabilidad de sus relaciones cuando una extranjera australiana llega para terminar una beca en Estados Unidos. La nueva película de Alex Ross Perry, como ya lo fueran sus anteriores dos obras, es una historia de mujeres, a pesar de que el centro de la historia parezca partir de un hombre. Nick (Adam Horovitz), es el encargado de reorganizar todo el material de archivo que dejó su suegro a sus dos hijas y la llegada de la joven ayudante de veintitantos a la Gran Manzana, será la gota que colme un vaso que hace años empezó a desbordarse y ahora lo hace a mayor velocidad.

Digo que Golden Exits es una historia de mujeres porque creo firmemente que la frase-sentencia del guión en el primer refrigerio que toman la becaria y su jefe es toda una declaración de intenciones: “nadie hace películas de personas corrientes a las que no les pasa nada”. Pues bien, aquí tenemos una fiel definición de todas las mujeres que habitan el paisaje de Golden Exits. A ellas no les pasa nada, y a la vez les pasa todo. Sus matrimonios venidos a menos son el fiel reflejo de una crisis proviniente de la propia monotonía, del hartazgo, quizá. También ellas son las que deciden no hacer absolutamente nada con la situación, simplemente pasarla, como puedan, sin mayores intenciones de darle más vueltas. He de confesar que fue este hecho el que consiguió sacar lo peor de mí en el film (porque ¿por qué aguantar ciertas situaciones?), pero una vez reposado, creo que es más esa la intención de Alex Ross Perry, que cualquier otra lectura que se pueda extrapolar de su nueva película.

WEIRDOS

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La sorpresa de lo que llevamos de festival nos la trae de la mano un canadiense con una amplia carrera televisiva y cinematográfica detrás. Bruce McDonald nos traslada con Weirdos a Nueva Escocia, en el verano de 1976 cuando Estados Unidos celebra el bicentenario de su independencia. Allí, Alice y Kit, deciden emprender un viaje a Sydney, donde vive la madre de él, a quien no ve hace ya algún tiempo al estar sus padres divorciados. Para Kit, el viaje supone una liberación de su familia y poder visitar a su madre; para Alice, el viaje supone, quizás, poder consumar su relación amorosa con Kit. El viaje y los diversos compañeros que van encontrando a golpe de autostop les llevará a ambos a decidir separar sus caminos, sólo afectivamente, cuando Kit le confiesa a Alice su orientación sexual verdadera.

El film de McDonald podría resultar pretencioso para algunos paladares (su blanco y negro algo injustificado puede ser una de las razones) pero analizar solamente su estética no sería del todo justo teniendo a dos personajes tan bien escritos como lo están Alice y Kit -y su Andy Warhol particular-. Especialmente Alice, un personaje lleno de matices (interpretado por una mágica Julia Sarah Stone a quien ya vimos en The Killing – T3), que parece saberlo todo desde el principio, pero que decide esperar la confesión final de su pareja, cuando esta tenga que llegar; una persona que sigue estando ahí a pesar de las circunstancias; alguien que parece que está esperando el momento oportuno para empezar a construir una verdadera relación, sea de lo que sea. Alguien que se me antoja enormemente empática y, sobre todo, llena de cariño. Así es un poco la película que nos regala Bruce McDonald: una historia llena de amor, de entendimiento y de empatía hacia el prójimo, sea como sea. Y eso es algo que, hoy por hoy, no nos viene nada mal.

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