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Jack White: experimental y rebelde en ‘Boarding House Reach’

Comenzó con The White Stripes donde se lanzó directamente a lo más alto de la escalera musical, pero ha sido con sus proyectos posteriores y su carrera en solitario cuando se ha consagrado como compositor, productor y músico demostrando que hay vida más allá del puro rock and roll.

Ahora, Jack White ha vuelto con su tercer disco en solitario. Aunque es más conocido por ser el frontman de la banda compartida con su ex mujer Meg White, Jack no ha parado desde la disolución oficial del grupo en 2011.

Tras el éxito cosechado por The White Stripes, The Dead Weather o The Racounters han sido algunos de sus proyectos musicales, aparte de su carrera en solitario en la que se estrenó en 2012 con Blunderbuss y más tarde, en 2014 con Lazaretto. Todos estos bajo el sello del propio White, Third Man Records.

 

Este año viene con un nuevo disco que añadir a su extensa discografía y carrera musical, llamado Boarding House Reach (2018, Third Man Records). Lanzado el pasado 23 de marzo en su integridad, ya se ha colocado con un número 1 de Estados Unidos y Canadá en álbumes en solitario.

Jack nos tiene acostumbrados a no seguir los cánones establecidos de la música. Ya nos lo demostró con su reto de crear una canción sin estribillo del cual salió la mítica Seven Nation Army. En Boarding House Reach nos lo vuelve a confirmar con un álbum inclasificable, emocionante, totalmente experimental y fuera de lo comercial. Un álbum que suena a rock, punk, electrónica, blues, notas de country, y todo ello mezclado. En definitiva, una rebelión musical.

Comienza con Connected by Love, primera canción del disco y su primer single. Acompañados de coros con voces temblorosas, una lenta batería y una grandísima voz del cantautor americano que cierra esta canción más pegadiza según más la oyes.

En Corporation escuchamos una canción basada en solos de guitarra distorsionados, sucios, quedamos, que se irán repitiendo a lo largo de todo el álbum y compondrán parte de la estética sonora del álbum.

En Hipermesophoniac encontramos su lado más electrónico con tres minutos de desorden y caos lleno de samples y voces pasadas por el sintetizador. La repetición de los elementos sonoros dentro de ese caos de sonidos así como la mezcla con el piano y los coros de fondo hacen de esta una pieza única del repertorio de Jack White.

Ice Station Zebra, creada mientras trabajaba con Jay-Z, nos da el mismo descontrol electrónico que veníamos escuchando de Hipermesophoniac, pero esta vez con un orden más establecido y una armonía más reconocible y apreciable, lo que da un respiro al oyente en esta aventura experimental. Se trata de un álbum muy influenciado por el rap y el hip hop, donde los músicos que lo tocan vienen directamente de trabajar con Kanye West, JAY-Z o Kendrick Lamar.

Over and Over and Over, segundo single del disco, nos devuelve al lado más rockero al que nos tenía acostumbrado con sus discos anteriores, sonidos muy de su disco previo, Lazaretto. Seguimos por el álbum para encontrarnos perlas como Respect Commander, una canción casi sin letra, para recrearse en los sonidos, con un estilo más blusero en su estribillo, pero comenzando y terminando como siempre con los sonidos electrónicos más estáticos y los distorsionados solos de guitarras.

Get In The Mind Shaft nos cuenta otra historia, una relación con la música que el propio Jack narra y en la que después podemos escuchar unos ritmos más funk acompañados de voces robóticas que no hacen más que añadir a la muestra de estilos del artista. Chasqueando los dedos nos deja para terminar con Humoresque, la más acústica de las canciones del álbum. Un piano, guitarra, batería y voz tocando una melodía simple y tranquila para poner el broche final a una montaña rusa de experiencias y sensaciones.

Un álbum que es un golpe pensado y medido al oyente, que no pasa desapercibido, que funciona dentro de su caos y en el que se nota que los músicos que han participado en su grabación han disfrutado y han creado libremente. Jack White sigue con su independencia musical, lejos de comercialismos, continúa con su viaje musical rebelde y creativo allá por donde vaya, que le seguirá coronando como uno de los más singulares e insólitos artistas de las dos últimas décadas y que no dejará de traer un gran y necesario soplo de aire freso a la industria, aunque venga de un señor de 42 años de Detroit.

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