relatos sonoros
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Carta que nunca será enviada

Para hacer de este relato un relato sonoro, dale al play antes de empezar a leer:

Querido Tú,

Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad? De hecho, no recuerdo cuando fue la última vez que hablamos. Si es que puede llamarse así al último intercambio casi banal de “cómo te va todo” y “qué has visto últimamente; sin pensar en las palabras que tiroteaban en el telón de fondo de nuestros pensamientos. Pero sí, ha sido bastante. Días y meses que se han alargado en el tiempo, pero que han terminado sobrevolando lo que el momento de la destrucción me parecía irrecuperable.

En fin, ¿estás bien? Espero que las cosas hayan mejorado y que tú sigas sonriéndole a la vida, con ese punto entre el optimismo y la broma. Que sigas escuchando las mismas canciones en los bares, aunque estos sean diferentes en los que una vez bailamos. También creo que te siguen encantando las comedias bobas; que te brillan mucho los ojos cuando te sientes un poco avergonzado y que es fácil hacer florecer los hoyuelos que se esconden tras la barba. O al menos me gusta seguir guardándote en mi memoria de esa forma. Es más fácil quedarse con eso que con las sombras. 

¿Yo? Bueno, he estado mejor aunque vamos mejorando. Intento convencerme a mí misma de que lo pasado, pasado está y que muchas veces hay que saber pasar página. Pero qué complicado es cuando la herida todavía te late de vez en cuando; un recuerdo que te atormenta y golpea en los momentos más bajos. Que a veces se me hace un nudo en la garganta pensando que compartes tu risa y nuestros momentos con otra persona. Pero no pasa nada, en serio. Solo espero que seas feliz. 

Pero el sentimiento de impotencia me aprieta. Nunca ha dejado de brillar esa pequeña luz de esperanza que me araña por dentro y me susurra que el momento quizá esté a la vuelta de la esquina. No voy a negarte: me he vuelto un poco egoísta sentimental, pero es la consecuencia de empezar a latir después de mucho tiempo bajo el hielo.

Sin embargo, es una pena. Esta carta terminará por no ver nunca la luz del sol. Tiene hasta tu remitente, pero carezco de valor alguno para que conozcas todos estos pensamientos. Prefiero que creas que estoy bien, que la cosa ha pasado y que el mar ha calmado las aguas. Que he enterrado todo lo pasado y que no reflota cada cierto tiempo para recordarme todas las posibilidades. Me aguanto casi la risa porque hacerme la fuerte siempre se me ha dado fatal. ¿Recuerdas que podías ver cuando mentía? Siempre he sido transparente como un papel, aunque opaca en otros muchos aspectos. Aunque, en parte, tú supieras como abrir toda una caja de Pandora.

Una verdad a gritos que nunca será enviada. Como las otras decenas que se han amontonado en el cajón del escritorio. Palabras sin valor suficiente.

Pero no te preocupes, de verdad. Estoy bien. Ya me he mentalizado de que hay heridas que siempre dejan cicatriz, de que se puede sustituir la pena por sonrisas tristes pero sinceras y que siempre habrá fantasmas que te persigan hasta lo más profundo del infierno.

Y que siempre serás Tú. Eso seguro.

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