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Tuca y Bertie, jóvenes y pájaras

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Creada por Lisa Hanawalt (diseñadora de producción para Bojack Horseman) y protagonizada por Ali Wong y Tiffany Haddish, se presentaba como una nueva Broad City animada. Durante seis capítulos, vemos a dos pájaras, Bertie y Tuca, enfrentarse a problemas muy concretos de las mujeres treintañeras modernas en la gran ciudad.

Bertie es una pajarita marrón que comparte piso desde hace poco con su novio, el petirrojo Speckle. Tuca es su excompañera de piso, que no bebe ni toma nada desee hace poco tiempo. Son amigas desde la universidad y amigas del alma. Bertie está frustrada con su trabajo de Junior Analyst y Tuca se enfrenta a un futuro que no estaba segura de vivir. Las dos tiene sus problemas anteriores, sus traumas y sus neuras. Se apoyan entre ellas, se quieren.

La serie en sí es de una factura digna. La estética puede parecer igual a la de Bojack Horseman, pero además de estar en el mismo universo, no comparten ni tono ni humor. Los colores son más vivos, las situaciones más surrealistas y los fondos son noventeros. Los recursos gráficos y las transiciones son bonitas, interesantes, pero es entendible que no sean agradables para todo el mundo.

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Esta serie es otra de esas de moda (de lo que hablé ya en su momento): veinteañeras, treintañeras con problemas existenciales. Como muchas otras, Tuca y Bertie se presentó como el estreno feminista de la temporada, tal vez no cono esas palabras, pero sí con ese tono.

Sus clips promocionales eran sobra la dificultad de ser mujer, de ser joven, de estar en una edad indeterminada, esa eterna adolescencia. Y la verdad, ya no es tan emocionante como al principio. Tuca y Bertie son unos arquetipos muy reconocibles que datan desde la época de las revistas de adolescentes: la amiga estable, tímida y la amiga alocada e irresponsable. El ying y el yang.

Antes de empezar la crítica, tenía apuntado que Tuca y Bertie no conseguía llegar a las cotas feministas de las que se vanagloriaban al principio. La relación de Bertie con los hombres (…pájaros machos) de su vida es extrema y Tuca es bisexual, claro, porque todas las chicas fiesteras lo son, ¿no? Sin embargo, no es necesario exigirles tanto a las series.

Por ser creada por una mujer y por poner a mujeres en el centro a veces asumimos que va a tener una articulación del discurso a la altura de Simone de Beauvoir o Silvia Federici. Nos olvidamos de que a veces no es necesario. Necesitamos historias sobre mujeres contadas por mujeres. ¿Qué importa si no son perfectas en su representación? ¿Acaso medimos las series sin tanto foco en lo femenino por ese baremo?

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La serie cumple su función. Es muy divertida, de verdad, aunque cuesta un capítulo entero adaptarse a su humor absurdo y su estética surrealista. Los personajes reflejan muy bien la situación de ser una mujer joven, aunque tal vez es un género demasiado concreto para un público muy concreto (en concreto: mujeres jóvenes profesionales en ciudades grandes). O puede que me equivoque. Lo mejor es que la veas y te formes tu propia opinión.

Tuca y Bertie se puede ver en Netflix.

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