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Captain Fantastic: cuando la muerte te da una lección de vida

Ya lo dice el refrán -y Fito-: no hay que empezar a construir la casa por el tejado. Y tampoco se ha de comenzar a analizar una película por el final. A menos que se trate de Captain Fantastic, claro.

No, no se avecina ningún spoiler, pero sí tengo que decir que Captain Fantastic cuenta con uno de los mejores desenlaces que he visto en el cine, sobre todo a nivel emocional. Quizá por eso es por lo que considero a la ópera prima de Matt Ross como director una de las más valiosas joyas del último lustro. Lo que sientes al terminar el visionado es indescriptible, una losa sobre el estómago -o en el corazón- que impulsa tus lágrimas, pero a la vez tus intenciones de superarte y aprovechar cada momento de tu vida. Florituras aparte, es de esas películas que te hacen querer ser mejor persona.

Una familia peculiar

Captain Fantastic llevó a Viggo Mortensen a la nominación al Oscar, y no es de extrañar. El actor interpreta a Ben, un singular padre de familia que vive en el bosque con sus seis hijos: Bo (George MacKay), Vespyr (Annalise Basso), Kielyr (Samantha Isler), Rellian (Nicholas Hamilton), Zaja (Shree Crooks) y Nai (Charlie Shotwell).

Alejados de la civilización, Ben y sus hijos siguen cada día una curiosa rutina, que va desde practicar duros entrenamientos en la montaña hasta cazar animales y despellejarlos y leer libros clásicos juntos ante una hoguera. Estos hábitos hacen que todos los niños cuenten con habilidades físicas propias de atletas y con un pensamiento crítico muy desarrollado para su edad.

Sin embargo, la noticia de la muerte de su madre, que se suicida tras llevar meses ingresada en un hospital de la ciudad, irrumpe en el tranquilo día a día en la naturaleza de la curiosa familia, que emprende toda una aventura: viajar a la ciudad para evitar que la madre sea enterrada por el rito católico.

La contraposición de dos mundos

Una práctica recurrente en el cine es trasladar a personajes a escenarios muy distintos a los que pertenecen. Lo vemos desde en La Sirenita (1989) cuando Ariel cambia su voz a cambio de piernas para subir a la superficie, en E.T (1982) cuando el entrañable extraterrestre visita la Tierra y hasta en George de la jungla (1997) cuando el sucedáneo de Tarzán abandona la selva para acompañar a su amada Úrsula a Nueva York. Todo ejemplos de mi infancia, ya veis que servidora es una nostálgica…

Esta premisa sigue también Captain Fantastic, representando el gran choque entre dos estilos de vida muy distintos: la vida urbana con la vida en naturaleza de Ben y sus hijos, casi al estilo amish. Esta contraposición se ve sobre todo cuando los niños van a pasar un día a casa de su tía, hermana de su recién fallecida madre. Mientras que los primos hablan sobre reality shows y juegan todo el día a videojuegos violentos, ellos son felices cazando jabalíes y celebrando el cumpleaños de Noam Chomsky en vez de Navidad.

Resulta muy interesante la reflexión que subyace de la película sobre el modelo educativo actual, basado en general en la memorización y en la retención de contenidos vacíos en vez de en la reflexión y en la construcción de un criterio propio. Los hijos de Ben no han ido a la escuela, pero eso no les ha impedido estar formados e incluso estudiar por placer, a diferencia de sus primos, sumidos en una vida materialista.

Pero, realmente, Captain Fantastic no señala el estilo de vida de Ben como el ideal –aunque sí critica la cultura consumista y superficial de la actualidad-, sino que más bien se centra en resaltar los dilemas éticos y choques culturales que pueden surgir entre personas tan diferentes. Ambos se rechazan, están cegados con su modo de vivir y cuestionan el ajeno, y solo cuando empieza a haber tolerancia entre ellos, comienza la verdadera paz y felicidad para todos.

Trasladándolo a nuestra vida y a los tiempos que corren, en los que parece que cada vez cuesta más acercar posturas con el que piensa diferente, quizá pueda servir como una buena lección sobre la necesidad del respeto y la aceptación.

Muerte y duelo: rompiendo tabúes

Sin duda, una de las cosas que más me gustó de Captain Fantastic es su naturalidad a la hora de abordar temas controvertidos como las enfermedades mentales -la madre se suicida a causa de un trastorno bipolar-, el suicidio y la muerte.

Es cierto que la muerte es un tema recurrente, pero esta cinta va más allá, ahondado en el duelo que llega tras la pérdida de un ser querido y en la gestión del dolor por parte de los niños. Personalmente, pienso que es importante hablar con naturalidad sobre la muerte a los más pequeños, huir de eufemismos y dejar que hagan preguntas y muestren su sufrimiento. Esto es lo que hace Ben al contarle a sus hijos el fallecimiento de su madre y resulta admirable a la par que conmovedor. Captain Fantastic dignifica y humaniza la muerte.

Vivir también es fallar

¿Qué es vivir? ¿Estar en sintonía con la naturaleza o comer tortitas con nata? Ambas. Como se ha mencionado anteriormente, Captain Fantastic no presenta la vida de Ben y su familia como idílica. Tiene muchos aspectos positivos, sobre todo el sentimiento de unión, como si de una manada se tratase. Pero también cuentan con numerosas carencias.

Por ejemplo, son una familia con una alimentación envidiable, pero Vespyr y Kieryl se mueren por comer hamburguesa y patatas fritas. Todos los niños superarían sin problema un test de conocimientos, pero nunca han jugado a videojuegos ni han visto una serie de dibujos animados. Bo es tan inteligente que todas las universidades más prestigiosas le han aceptado, pero al besarse por primera vez con una chica, se queda en blanco al no saber que existe Star Trek. Conocer la cultura pop, probar comida rápida o celebrar la Navidad son experiencias de las que han sido privados y, al fin y al cabo, la necesidad de encajar también es importante incluso para ellos.

Al final, hasta Ben lo comprende y es consciente de que tiene que adoptar lo mejor de los dos mundos, que al fin y al cabo no son tan dispares. También tiene que dejar ir a Bo, cuyo sueño es estudiar en la universidad y viajar, no sin antes dejarle los consejos más importantes que se le puede ofrecer a un hijo: cuando tengas sexo con una mujer, escúchala y trátala con dignididad siempre; di la verdad; vive cada día como si fuera el último; sé tú y… no mueras.

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