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‘I May Destroy You’: el relato de una etapa

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I May Destroy You es una serie de ficción, pero la historia que cuenta es muy real. En 2016, mientras trabajaba en la segunda temporada de Chewing Gum, Michaela Coel decidió tomarse un descanso y salir a tomar algo con un amigo. Reaccionó horas más tarde, en la oficina, con el teléfono destrozado y terminando el borrador. Poco a poco, a medida que los recuerdos de la noche se iban esclareciendo, fue consciente de que alguien le había echado algo en la bebida y la habían violado.

Como manera de procesar lo que le había ocurrido, Michaela Coel dio forma a I May Destroy You, una serie que produce, escribe, protagoniza y, en parte, también dirige, dando vida Arabella y tomando como hilo conductor la violación que sufre en el primer episodio. Coel traslada a la pantalla su propia historia, un relato honesto, lleno de verdad, atacando directamente el problema y mostrando todas las consecuencias que derivan de él. Nos cuenta aciertos y errores, conectando muchos puntos de la serie con su propia vida, mientras que otros nacen del aprendizaje que ella misma experimentó mientras la escribía.

A lo largo de 12 episodios que rondan los 30 minutos y a través del drama y la comedia negra, Coel nos deja echar un vistazo a su propia experiencia personal y aprovecha para contarnos mucho más de lo que en un principio esperamos. Racismo, machismo, cambio climático y muchos otros aspectos se combinan para dar forma a una historia que pretende que te cuestiones todo lo que crees saber.

A partir de este punto, puedes encontrarte con algún que otro spoiler. Si no has visto todavía la serie, continúa bajo tu propia responsabilidad.

Representación de una generación: los millennials

I May Destroy You nos muestra la complejidad del mundo real y nos regala escenas de gran naturalidad, perdiéndose en conversaciones y momentos que pueden no tener nada que ver con la trama central, pero que sin duda nos permiten entender mucho más a los personajes, conocerlos y saber quiénes son realmente.

Una vez finalizado el primer episodio, no solo sabemos cuál va a ser el conflicto central de la serie, sino que conocemos ya a Arabella. En una de las primeras escenas de la serie nos la encontramos sentada en el baño, fumándose un porro y hablando por teléfono con sus agentes, descubriéndonos que Arabella es escritora casi por casualidad. A la gente le gustaban sus tuits y decidió escribir un libro con ellos porque sus fans se lo pidieron.

El número de seguidores, los likes, los comentarios… Los móviles. I May Destroy You no tiene miedo a la hora de incorporar todos estos elementos a su historia y jugar con ellos como parte del día a día de los personajes. Lo que muchas series evitan debido a las dificultades narrativas que puede suponer, Michaela Coel lo abraza a lo largo de los doce episodios, mostrando cómo Arabella busca refugio en esos desconocidos. No obstante, las redes sociales también empiezan a generarle una obligación, convirtiéndose en un trabajo a tiempo completo que no la dejará descubrir qué necesita para poder seguir adelante.

La importancia de contar con una red de apoyo

I May Destroy You nos presenta un fuerte instinto de lealtad, principalmente a través de la amistad de Arabella y Terry (Weruche Opia), que no dudan en poner el grito en el cielo para anunciar que comparten todo: desgracias y éxitos.

Pero el principal problema de esta amistad, algo que se extiende al resto de personajes, es el egocentrismo que nos caracteriza como personas. Todos ellos se encuentran en puntos de su vida en los que necesitan ser la prioridad, necesitan poder poner todos sus esfuerzos en lo que quieren conseguir y eso significa no tener tiempo para centrarse en los problemas de los demás.

La serie pone su punto central en tres personajes: Arabella, Terry y Kwame (Paapa Essiedu). A través de estos tres y de su amistad viviremos momentos en los que se ayudan hasta las últimas consecuencias, pero también situaciones en las que su unión no parezca ser tan fuerte como esperábamos. Su relación es puesta a prueba en numerosas ocasiones, mandando un gran mensaje sobre la importancia de mantener cerca a quienes quieren lo mejor para ti, animándonos a mirar más allá de los errores que puedan cometer.

Las múltiples formas de abuso

La serie aborda este tema desde diferentes puntos de visa. No solo seguimos la violación sufrida en el primer episodio, sino que también se preocupa por mostrarnos distintas caras del mismo problema y diferentes formas de lidiar con ello.

Aunque los tres personajes mencionados tienen sus propias experiencias, destaca especialmente el contraste entre Arabella y Kwame. Ambas situaciones chocan desde el momento en el que vemos el trato que ambos reciben por parte de las fuerzas policiales.

Arabella es atendida por dos mujeres que empatizan con ella desde el primer momento, mientras que Kwame, como hombre negro y gay, debe lidiar con un organismo que no está preparado para brindarle la ayuda que necesita. Del mismo modo, sus formas de enfrentar el trauma son muy distintas: ella siente la necesidad de cambiar las cosas, de hacer algo al respecto, mientras que él prefiere no pensar en ello. Michaela Coel no busca darnos las respuestas, sino poner sobre la mesa las preguntas que necesitan ser atendidas.

La muerte del ego

Con todo lo mencionado hasta este punto, no debemos olvidar que I May Destroy You nos está contando una etapa de la vida de Arabella con todo lo que ello conlleva. El inicio toma lugar en el Ego Death Bar, donde empieza su pesadilla y, tras esta experiencia, va a ser empujada a la casilla de salida. La persona que era y la vida que estaba llevando ya no existen, ya nada es igual.

El viaje de Arabella a lo largo de estos 12 episodios, lo que supone alrededor de un año para ella, es una reconstrucción de sí misma, un viaje en el que debe descubrirse de nuevo y adaptar todo lo ocurrido a quién ella es realmente. Con ella vivimos todas las fases de esta larga recuperación, pasando por la incomodidad de estar en público, el miedo a pedir algo de beber en un local con mucha gente, la unión a un grupo de supervivientes para “aprender a evitar ser violada”. El camino de vuelta hacia sí misma es largo.

A medida que va consiguiendo respuestas para todas las incógnitas que la rondan, desde secretos de la noche en la que su vida fue puesta patas arriba hasta problemas familiares que llevan años presentes, Arabella por fin puede empezar a vislumbrar el camino que debe seguir para encontrarse.

La única respuesta que le falta es saber qué hacer con el hombre que la violó, cómo plantarle cara y poner un punto y final a esta etapa. Para ello, se nos muestran tres distintas maneras en las que podría ir todo: venganza, comprensión y una realidad alternativa en el que ella inicia el contacto y mantienen una relación consentida. No llegamos a saber en ningún momento qué camino escoge Arabella o incluso si llega a hacer algo.

Llegado este punto, está lista para seguir adelante, para apreciar lo que tiene y estar presente para las personas importantes de su vida. Nos da igual el camino escogido por Arabella porque lo que realmente importa es que ha conseguido recuperar el control que le había sido arrebatado.

El principal objetivo de Coel con esta ficción es invitar al espectador a mirarse a sí mismo, a analizar su interior. Esta invitación a la introspección busca generar una conversación fundamental, un diálogo con nosotros mismos y con los demás. Y, en mi opinión, lo consigue.

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