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‘MERICHANE’, todas somos las putas del pueblo

El 31 de diciembre de 2020 María Zahara Gordillo Campos, más conocida como Zahara, nos anunciaba que dejaba Twitter, entre otras razonas por la radicalización de esta red social y la pérdida de debate. En el hilo en el que Zahara explicaba el porqué de su marcha (y, que os enlazamos para que lo podáis leer entero), también nos decía esto: “todas mis opiniones y mis visiones sobre la vida están en las canciones que hecho y en las que haré”.

Apenas 14 días después, a las 19h del jueves 14 de enero de 2021 Zahara nos sorprendía y nos dejaba totalmente en shock con MERICHANE; adelanto de los que será su próximo álbum que verá la luz en primavera. Y todo un ejemplo de que nos va a dejar claro lo que piensa y su visión del mundo.

Muchas personas seguimos aún sobrecogidas, no sólo porque pensamos que es la canción más redonda hasta ahora que haya hecho la ubetense, sino porque creemos que es también lo mejor de Martí Perarnau IV y de Guillermo Guerrero.

Zahara se ha abierto en canal, ha sacado a relucir situaciones que se normalizan, pero que de normal no tienen absolutamente nada. Situaciones que te dejan heridas que aunque cicatricen, a veces siguen doliendo y, otras, quizá no lleguen a cerrarse nunca. Situaciones que sólo experimentamos las mujeres por mucho que haya negacionsitas de la violencia machista y del patriarcado.

Se empieza a hablar ya de la trilogía contra el patriarcado de Zahara que tuvo una precuela con Camino a LA (La pareja tóxica, 2011), le siguió Inmaculada Decepción (Santa, 2015) y todo ese himno y declaración contra los políticos cínicos, la falta de empatía y la gestación subrogada que es Hoy la bestia cena en casa (Astronauta, 2018). Sin duda, la más contundente y descarnada es la que nos ocupa y que muchos y muchas empiezan a hacer referencia a ese #YoEstabaAhí como nuestro #MeToo.

Una canción sin respiro, con sintetizadores muy ochenteros y que cuando parece que llega un momento de liberación, aparece una nueva experiencia, una nueva confesión que te patea en el centro del estómago y te deja con el corazón en un puño. No sólo por reconocerte en muchas de esas situaciones, sino porque en cierto modo ejerce como mantra curativo y esa sensación de asfixia, de agobio, la empiezas a cantar pensando en las personas que te han herido. Son estas quiénes deberían sentir vergüenza, no nosotras.

Yo estaba ahí cuando al venirme la menstruación y cambiarme el metabolismo pasé de ser una niña muy delgada a estar gorda para la sociedad desarrollando un TCA que hasta a día de hoy me acompaña. Yo estaba ahí cuando desde los 13 hasta los 15 años me estuvo acosando un compañero de colegió un año mayor que yo que se obsesionó conmigo. Yo estaba ahí cuando no una sino dos veces me intentaron violar. Yo estaba ahí cuando un supuesto amigo y de confianza le pareció una buena idea intentar tener sexo conmigo, aunque yo padeciera una depresión y estuviera hasta arriba de ansiolíticos y antidepresivos. Y, ahí estábamos todas con tantas y tantas historias parecidas y comunes y, tú, Zahara quizá sin saberlo y contándonos y cantándonos algo muy íntimo y personal, nos has dado voz y palabras para poder sacar lo que no podíamos.

No estás sola, Zahara. Ni tú, ni ninguna de nosotras.

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