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‘Brand New Cherry Flavor’, un cóctel de horror y venganza

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Septiembre y su resaca post-vacacional no son fáciles de sobrellevar para muchos de nosotros. Por eso, siempre se agradece tener en la recámara una de esas series que enganchan y proporcionan un soplo de aire fresco, sobre todo si es a costa de pasar miedo.

Brand New Cherry Flavor (Nuevo sabor a cereza) es uno de los estrenos recientes más interesantes que podemos encontrar en el catálogo de Netflix. La nueva propuesta de Nick Antosca y Lenore Zion, creadores de Channel Zero (2016), da otra vuelta de tuerca al género de terror, presentando un producto muy adictivo, impregnado de influencias y con cierta carga reivindicativa.

El ácido sabor del american dream

Lisa Nova, interpretada por una genial Rosa Salazar -la conocemos ‘virtualmente’ por Alita: Battle Angel (2019) y Undone (2019) y por su flirteo con el género en la primera temporada de American Horror Story (2011)- aspira a ser una influyente directora de cine en Hollywood, comenzando su camino hacia el estrellato con un corto de terror de lo más inquietante. Sin embargo, su bienvenida a Los Ángeles no es tan calurosa como esperaba, lo que le hace embarcarse en una truculenta aventura en la ciudad de las estrellas.

Desde la propia sinopsis, ya observamos puntos interesantes, como la construcción del personaje de Lisa. La representación de las mujeres en el género de terror cada vez va cambiando más, pero es cierto que no siempre acostumbramos a ver a las féminas en el papel de creadoras. Es decir, más allá de las scream queens que embriagan la pantalla, sino detrás de ella.

La protagonista de Brand New Cherry Flavor refleja también la superposición de obstáculos a los que se enfrentan las mujeres en el cine, ya no solo por la idiosincrasia de la propia industria cinematográfica, sino por la discriminación por el hecho de ser mujeres, más aún en un mundo tradicionalmente copado por los hombres como es el cine de terror. En claras palabras: si ya de por sí muchos lo consideran un género menor, el recelo es aún mayor con una mujer al mando.

Es precisamente por eso por lo que Lou Burke (Eric Lange) un famoso director venido a menos, pero con gran influencia en la industria, no se porta demasiado bien con Lisa, a pesar de quedarse prendado de su macabro corto.

Lo cierto es que Lou es la excusa para satirizar los tópicos de la burbuja hollywoodiense a principios de los 90: fiestas elitistas, monstruos cazatalentos y talentos buscavidas, silicona y tacones de aguja y mucho ‘enchufismo’. Todo ello con la denuncia del abuso de poder y el acoso sexual como trasfondo, con clara influencia del movimiento #MeToo.

Horror vacui de pesadillas

Pero, lejos del terror mundano que asola sobre todo a las mujeres en un sector de peces gordos sin escrúpulos, hay otros monstruos que acechan a Lisa. Y es que lo sobrenatural tiene gran cabida en la serie, empezando por el estrafalario personaje de Boro (Catherine Keener, que está grandiosa), quien hace que la vida de Lisa dé un giro de 180 grados.

Con la sed de venganza y los rituales de magia negra como impulso, Lisa comienza a experimentar una serie de espeluznantes cambios en su cuerpo, mucho más poderoso, pero también cárcel y tributo a pagar.

Conviviendo con un relato y estética muy lynchianos, el influjo de las tres C del cine de terror –Cronenberg, Carpenter y Craven– se torna más patente a medida que transcurren los episodios. De Cronenberg, toma prestado el culto al body horror; de Carpenter, la explicitud y monstruosidad en grandes dimensiones; y, de Craven, la tensión sostenida y ciertas escenas cénit al más puro estilo slasher.

Se perciben también ecos de Vagina dentata (2007) aunque no como un rape and revenge al uso y, en cuanto al culto y la obsesión por la belleza, la sombra de The Neon Demon (2016) es alargada.

Las influencias y homenajes no acaban aquí, sino que están presentes también en la intrahistoria de Brand New Cherry Flavor. Es decir, en el inquietante corto que crea y dirige Lisa Nova, con reminiscencias del clásico Un perro andaluz de Luis Buñuel.

En definitiva, Brand New Cherry Flavor es una serie muy disfrutable, una propuesta que sabe lo que funciona –nostalgia noventera y venganza y justicia feminista-, pero que también arriesga, inquieta y perturba con imágenes que no podrás quitarte de la cabeza –onanismo en una vagina desubicada o el continuo trasiego de gatitos impregnados de bilis-. Como diría la buena de Hannah Montana: the best of both worlds.

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