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Coup de foudre

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Los comienzos del amor son confusos, se asemejan al comienzo de un relato nacido de un relámpago de inspiración. No conocemos su duración. No sabemos dónde nos llevarán hoy las palabras. Y siempre está el miedo de que la inspiración se evapore, quedando todo esfuerzo en nada.

Ella se había incorporado recientemente a aquel trabajo y se sentía un lienzo en blanco para nuevas experiencias. Los primeros días sobrevinieron con rapidez: conocer las instalaciones, la dinámica de trabajo, adaptarse al nuevo entorno y los nuevos compañeros.

Pasó el tiempo y el mal tiempo vino sin avisar y allí estaba ella, esperando en la puerta del edificio a que dejase de llover. Maldecía a la persona que decidió retrasar el reloj en invierno, pese a ser temprano era de noche.

Un paraguas negro tapó su cabeza. Se giró sorprendida. Un hombre alto era su salvador. Le ofreció ayuda y ella aceptó. Pronto, la conversación surgió, ambos tenían esa sensación de familiaridad que les hacía sentirse como en casa. Una sensación eléctrica les recorría el cuerpo cada vez que rozaban sus manos sin querer tratando de evitar que el viento arrastrase el paraguas.

Un roce de hombros entre ambos. Había parado de llover y la calle tenía ese brillo especial que hace parecer al asfalto recién encerado.

Ninguno de los dos sabía qué decir. Un todoterreno paso a gran velocidad al lado de la pareja y ella levantó la mirada hacia él.

Un rayo iluminó esos ojos verdes que aún no conocía en profundidad.

Uno.

Dos.

Tres segundos.

Y el estruendo del trueno les hizo encogerse. Hay una expresión en francés, coup de foudre. Literalmente significa «rayo», pero se usa más comúnmente para indicar el momento exacto en que dos personas se enamoran repentinamente, amor a primera vista.

Algo ocurría bajo ese paraguas. Algo nacido y terminado en el momento en el que este se cerró.

Él volvió a casa, le esperaba una mujer. Y pensaba en ella. Apretó el paraguas entre sus manos en un intento inútil de atrapar algo de calidez restante, ese gesto hizo llorar al paraguas de frustración por él.

Generalmente, no somos un lienzo en blanco, y tratar de tapar pintura del pasado con óleo nuevo suele dar resultados desastrosos. No es recomendable mezclar colores.

Ella volvió a casa, pensaba en él. Y sonreía. Sentía que la reacción de su cuerpo confirmaba lo que su intuición ya sabía.

Los comienzos del amor: ¿cuál sería el siguiente capítulo?

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