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Festival de Málaga 2022 | ‘Cinco Lobitos’: contrastes de una vida

Recién llegada de la Berlinale, Alauda Ruiz presenta en el Festival de Málaga la que es su ópera prima Cinco Lobitos. Amaia (Laia Costa) es una madre primeriza que afronta la maternidad sola, ya que el padre de su hija no está en casa. Es así que Amaia acude a sus padres y regresa al hogar de su infancia, lugar donde sin saberlo, afrontará la faceta más agridulce de su vida. En términos de drama, Alauda construye una obra familiar y próxima, que a la vez es una losa de realidad basada en su experiencia personal como madre.

Y es que la maternidad es el punto central de Cinco Lobitos, aunque no el único tema que abarca, pues es un largometraje que explora otros conceptos cruciales en la vida que trazan el destino de sus personajes. Todo bajo un guion fundamentado en la solidez narrativa que fluctúa entre grises y esquiva bien las curvas peligrosas.

Alauda juega con los contrastes que da la propia vida y sale ganando (quién sabe si Biznaga). Los personajes que crea son veraces y sus interacciones aparecen de esta propia espontaneidad, que a su vez nace de lo cotidiano.

En cierto modo, y al igual que Koreeda u Ozu (ambos autores a los que toma por referentes la directora), su película crece entre los retratos familiares en las paredes, las conversaciones en la mesa del comedor o las reflexiones tras los quicios de las puertas.

Un toque muy bien definido sobre la percepción nipona de las relaciones familiares, donde la cámara va de lado a lado para que el espectador perciba lo que no se dice. Y lo que también sí, porque en esta película existe el diálogo a borbotones.

Y ese acercamiento a una sensibilidad narrativa, donde todos sus personajes expresan (a su forma) lo angustiados que están respecto a los inconvenientes y obstáculos que encuentran por el camino, se acerca tanto a nosotros, que al final de la película sólo te apetece llamar a tus padres.

Laia Costa interpreta a una joven madre repleta de temores y dudas.

A nivel visual, el equipo (tanto de los departamentos de fotografía, como de montaje o escena) pretende y consigue romper estereotipos y, en vez de juzgar a los personajes por no hacerlo tan bien como debería, se encarga de despertar un cierto nivel de comprensión en el espectador.

Y es que todo lo visual no hace más que, como hemos dicho antes, ir de lado a lado, como buscando una respuesta que no se encuentra y que, con el esfuerzo suficiente de saber dónde poner la cámara, o iluminar los puntos claves de la acción, acompañado de un montaje que va dando saltos acordes al punto emocional, logran lo imposible: la empatía.

«A tus personajes no los debes juzgar, sólo puedes hacer el esfuerzo por entenderlos», afirmó Laia Costa en la rueda de prensa, y es que esta capacidad por ponerse en los ojos de una hija, que ahora es madre, y no sabe muy bien cómo; pasando por los de un padre dado a la obsolescencia o una abuela que está hastiada del rol de mujer que debe cuidar de los demás; hace que el entendimiento sea más veraz.

Y de lo veraz nace lo que rompe y de romper sabe Cinco Lobitos bastante. Pues ya sea con nuestras lágrimas, o con tabúes, todo lo que se le pone por delante acaba por desmenuzarlo, ya que su potencia es inigualable. Y su poder de alcance es un hecho.

Esta película es de las que brillan en el Festival de Málaga. De las que no os debéis perder en salas por nada del mundo.

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