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‘The Good Place’: la vida en el más allá no es sencilla

Con el anuncio de su renovación para una cuarta temporada y en pleno mid-season, es de momento perfecto para revisar The Good Place, pasada por alto muchas veces y que tiene mucho más que ofrecer de lo que parece a primera vista.

Esta serie llego a finales de 2016 de manera relativamente discreta, por lo menos en España. Actualmente está distribuida por Netflix, pero en esos primeros meses nadie apostaba por ella, a pesar de estar creada por Michael Schur. Si no te suena ese nombre, seguro que sí alguna de sus creaciones: escribió capítulos de The Office, creó Parks and Recreation, y más recientemente, Brooklyn Nine-Nine. Series de comedia que se convierten casi instantáneamente en culto, aunque su éxito mainstream sea relativo.

The Good Place es como esas series y más. La primera temporada empieza como una sitcom normal: Eleanor muere y llega al Good Place, donde Michael, el amable director, le informa de que está en el equivalente al cielo y le presenta a su alma gemela, Chidi. ¿Cuál es el problema? Que Eleanor no es quien creen que es. No se merece estar en el Good Place.

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Mientras que otras series darían vueltas alrededor de este planteamiento inicial, añadiendo personajes o haciendo que la trama se complicase alrededor de este punto (una persona se entera de este secreto y tiene que detenerla, el propio Good Place intenta echarla, le entran remordimientos…), The Good Place se atreve a cambiar radicalmente el concepto cada temporada. Los personajes y los temas son los mismos, pero la historia que cuenta no, lo que hace que puedas enfrentarte a ella sin esperarte lo que va a pasar, y mantiene el suspense. Si la serie no cambiara, sabríamos que Eleanor no puede irse del Good Place porque si no se acabaría la serie, ¿no?

Otro de los elementos refrescantes de esta serie son sus cambios de escenarios. Mientras que las comedias en general están reducidas a un número concreto de localizaciones y se reservan los cambios de escenarios para la acción o el drama, esta serie cambia. En principio esto no parece un elemento muy importante, pero lo es. Elimina de la ecuación la certidumbre de que los personajes no van a lograr llegar a un sitio simplemente porque no hay un escenario para él.

La serie no se adhiere a las normas de un solo género. Es comedia, sí, pero no es sitcom y no está exenta de profundidad dramática. Esto no es 100% novedoso, los géneros nunca han sido compartimentos estancos. Sin embargo, algo que hace muy bien The Good Place es llegar a sitios que parece que otras no pueden o no se atreven. ¿Qué serie cambia su planteamiento principal en la segunda temporada? ¿O en la tercera? ¿Qué serie se atreve a hacer que sus personajes empiecen de nuevo, a plantear escenarios cambiantes y a jugar con el espectador de la manera de la que lo hace The Good Place? Su propio creador admite haberse inspirado en Lost para sus giros de guion y cliffhangers. Enfrentarse a The Good Place no es plantarse delante de una comedia más, aunque lo pueda parecer por su dirección artística.

La serie juega con todos los elementos que tiene a su alcance, lo que hace que sea un gusto verla: se expresa, experimenta e intenta algo nuevo en cada capítulo. Esto no quiere decir que todo lo que intenta funcione. La tercera temporada está siendo algo más monótona, por la falta de un conflicto real (los demonios los quieren llevar al Bad Place, sorpresa) aunque todo parece apuntar a que vamos a tener un giro en la segunda parte. Por otro lado, los continuos saltos en el tiempo hacen que el desarrollo de los personajes se haga repetitivo e incluso frustrante. Ver a Eleanor volverse buena persona una vez es divertido; dos, tierno; y a la tercera simplemente le estás pidiendo que por favor, se dé prisa.

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Aunque la serie cambie el planteamiento y las formas, el tema principal se extiende a lo largo de toda la trama: ¿qué es ser buena persona? La serie no te da una respuesta única, sino que explora múltiples posibilidades, muchas veces a través de teorías filosóficas (mención aparte tiene el capítulo del dilema del tranvía). La serie no se conforma con una sola y sigue empujando. En el último capítulo antes de su pausa de mid-season, conocemos al mejor hombre del mundo, objetivamente hablando, y nos lo presentan como un pringado, hablando claro. No es el modelo de buena persona, aunque los números lo digan. No hay una respuesta, y sospecho que nunca la habrá.

Los personajes hacen de la serie lo que es. El equipo Cucaracha, como se llaman a sí mismos, con Michael y Janet como guías, funciona bien. Hay equilibrio entre ellos, se complementan y se tienen cariño profundo. Por otro lado, las parejas románticas parecen no tener química. El romance de Eleanor y Chidi, aunque predestinado, parece tan forzado con un nuevo Ross y Rachel. Y, por cierto, Eleanor y Tahani flirtean, aunque la cosa no va más allá. Eleanor ha manifestado interés romántico por otras mujeres, la actriz ha dejado caer algunos comentarios y en general, parece aceptado en el fandom, pero el subtexto no es representación, sino queerbaiting, y decepciona verlo en una serie como The Good Place.

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¿Merece la pena ver The Good Place? Sí, sin duda. Acaban de llegar las noticias de su renovación por una cuarta temporada, muy celebrada en rede sociales. No en vano, es una serie brillante y alegre en un mundo en el que parece vender lo oscuro y deprimente.

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