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Festival de Málaga 2022 | Larga vida a los cortometrajes de animación

El Festival de Málaga lleva un cuarto de siglo siendo un referente para la Costa del Sol y Andalucía. Durante esta edición tan especial, hemos podido ver contenidos diversos y de calidad pero, como ya es tradición en No Submarines, os traemos nuestro artículo anual sobre algunos de los cortometrajes de animación que han participado en la sección oficial del certamen.

Equipo de protección individual, así es cómo han titulado al programa único de esta sección, que cuenta con siete cortometrajes confeccionados con distintas técnicas de animación, pero con la misma pasión por el oficio.

Leopoldo el del bar ­— Diego Porral

Leopoldo es un madrileño de pura cepa. Lleva doce años yendo religiosamente al mismo bar de la capital, hasta que la situación económica obliga al negocio a cerrar. De golpe y porrazo, el último vestigio de la vida que Leopoldo conocía ha desaparecido, dejándole con la única compañía de una perpetua soledad. Es entonces cuando Leopoldo comienza a hablar con una paloma (enorme y desproporcionada) que quiere convencerlo de que su vida debe tomar otro rumbo.

El cortometraje mezcla un carituresco 2D con imágenes reales del centro de Madrid. Esta aleación de técnicas no solo queda de maravilla a nivel visual, sino que le aporta un tinte realista o documental a un cortometraje que, aun metafórico y surrealista, es el vivo retrato de la misma vida o, mejor dicho, del final de esta.

Leopoldo el del bar puede resultar una obra triste y melancólica, pero jamás imposta o artificial. Su breve acercamiento a la soledad y la vejez te deja un poso amargo, sí, pero digno de ver.

Loop ­— Pablo Polledri

El mundo es un bucle y cada persona está condenada a hacer lo mismo para siempre. Algunos trabajan, otros bailan; pero nadie puede escapar de su papel en esta sociedad. Sin embargo, ¿qué pasaría si alguien quisiese desafiar las reglas de lo preestablecido y perseguir su propia libertad?

Loop explora el ya transitado concepto de los bucles temporales con gracia. Un 2D en unos exclusivos tonos rojos y negros nos sirve para retratar esta sociedad tan triste y vigilada, que triunfa como analogía y crítica al mundo en el que vivimos y a la influencia que las grandes esferas tienen en las personas que lo formamos.

Este corto de nueve minutos es una llamada a la reflexión individual y conjunta, aunque también lo es al amor, fuerza que, como ya sabemos gracias a las películas, puede con todo. Personalmente, lo que más me ha motivado de Loop es su uso del sonido. Al partir de la propia narrativa, se vuelve un personaje más, latente y frenético, que dinamiza un ya muy entretenido y divertido cortometraje.

Muerte Murciélago — Carlos Saiz

Muerte Murciélago es un chico de 13 años que vive en el pueblo de La Bahía. Su madre se suicidó cuando él era muy pequeño y su padre ha dejado de ejercer como figura paterna, ya solo cuenta con el apoyo de su único amigo y con el amor de una amiga de su madre. Durante el corto, veremos qué le depara la vida a un niño que ha tenido que crecer demasiado rápido, y cuya figura está muy sometida a la opinión del propio pueblo.

La animación de este cortometraje en blanco y negro es tan tétrica como enigmática; aúna diferentes animaciones 2D, algunas realistas y otras dignas de tebeo, bajo el mismo efecto granulado. Así, crea una atmósfera misteriosa que crece y crece a la par que la sutil y preciosa voz de Maria Guillén nos narra lo que la vida de Muerte Murciélago depara.

La obra de Carlos Saiz sabe jugar con la curiosidad del espectador y, más importante, sabe mantenerla. Con un final crítico y reflexivo, su autor nos deja con ganas de saber qué hay más allá de ese último minuto.

Las alturas — Alejandro Salgado

El Corán define las alturas (Al Araf) como la frontera divisoria e infranqueable que separa infierno y paraíso. Esta metáfora le sirve al autor, Alejandro Salgado, para plasmar gráfica y narrativamente la realidad de muchos comerciantes que trabajan en las fronteras de Ceuta y Melilla. Durante sus quince minutos, el corto nos presenta ese duro viaje al que muchos están sometidos.

Alejandro Salgado firma un cortometraje con una animación apabullante. Sus paisajes, en los que predominan los tonos azules y el uso de las sombras, se quedan grabados en la retina. La composición de las imágenes es exquisita, todas ellas son la viva representación de aquellas analogías que el autor quiere establecer con sus metafóricas “alturas”, y que retratan una realidad social muy latente.

Las Alturas resulta onírico, e incluso dantesco. Es un cuento hipnótico del que el espectador forma parte como si fuese uno más, para luego despertar y darse cuenta de lo distinta que es su realidad.

Una vez más, en No Submarines queremos recalcar la labor tan elaborada y compleja que llevan a cargo los cortometrajistas y subrayar la calidad que tienen los animadores de este país. Así pues, larga vida a los cortometrajes y larga vida a la animación. Volveremos a vernos las caras en la 26º edición del Festival de Málaga.

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