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‘The Good Place’: Qué nos debemos los unos a los otros

Después de cuatro años en emisión, The Good Place estrenó la segunda mitad de su cuarta y última temporada en enero de 2020 en NBC y Netflix (donde podéis verla al completo). Nunca antes una serie se había atrevido a abordar grandes conceptos filosóficos y éticos a través de la comedia y, a pesar de su valentía y genial resultado, no se llevó a casa ni uno de los Globos de Oro o Emmy a los que estuvo nominada. Por eso, hoy toca rendir homenaje a esta pequeña gran serie.

En formato de episodios de unos 22 minutos, aunque The Good Place tenga un reparto coral, nos embarcamos en esta historia con Eleanor Shellstrop (Kristen Bell), una chica de Arizona a la que le comunican que ha fallecido y se encuentra ahora en El Lado Bueno, en concreto, en un barrio ideado por el arquitecto Michael (Ted Danson), donde podrá disfrutar de toda una eternidad comiendo todo el yogur helado que quiera junto a su alma gemela, Chidi (profesor de Ética y Filosofía Moral en la universidad) y otras 321 almas más. Eleanor y Chidi compartirán protagonismo en la trama con Jianyu (alias Jason), un monje budista que ha guardado voto de silencio, y Tahani, una niña rica acostumbrada a una vida algo diferente a la de El Lado Bueno.

Solo hay un pequeño problema, Eleanor no ha hecho ni una sola cosa en su vida que haga que se merezca estar en El Lugar Bueno, claramente está allí por error. Así que, para evitar que se den cuenta y la envíen a El Lugar Malo, deberá aprender a ser buena persona, y rápido.

Michael Schur, creador de The Good Place.

A los seriéfilos de a pie les resultará familiar el nombre de Michael Schur, es el co-creador de Parks and Recreation y Brooklyn Nine-Nine y, por supuesto, guionista de la adaptación estadounidense de The Office. The Good Place fue su primer proyecto en solitario, pero conserva la esencia de sus trabajos anteriores.

Aparte de su característico sentido del humor, las dos series que ha creado Schur tienen varios puntos en común con The Good Place: ejemplos muy sencillos podrían ser que todas cuentan con algún personaje algo estricto en sus principios que con el paso del tiempo aprenderá a apreciar la importancia de darse un respiro (Leslie Knope en Parks and Recreation, Amy Santiago en Brooklyn Nine-Nine y Chidi en The Good Place) y otros personajes indudablemente cortos de miras (Andy, Hitchcock y Scully, y Jason).

Pero si vamos un poco más allá, es indudable también que en las tres series se le da relevancia a intentar hacer lo correcto en la vida e intentar ser buena persona, no en vano Brooklyn Nine-Nine tiene como protagonistas a policías y Parks and Recreation a funcionarios entregados a su servicio público. La novedad es que The Good Place se cuestiona qué quiere decir ser buena persona y por qué es tan importante intentar conseguirlo.

Qué nos debemos los unos a los otros

En sus primeros encuentros, Chidi es claro con Eleanor: “Eres demasiado egoísta para llegar a ser buena persona. Eso requiere pensar en cómo afectan tus acciones a los demás y tú solo piensas en tu propia felicidad.” Por tanto, para merecerse su puesto en El Lado Bueno, Eleanor debe poner en práctica la empatía y no anteponer sus deseos y sentimientos a los de los demás.

Pero imaginemos por un momento que no existe El Más Allá y no hay ni un Lado Bueno, ni un Lado Malo. ¿Por qué deberíamos realizar buenas acciones entonces, si no vamos a obtener un premio a cambio? La respuesta que ofrece la serie y a la que vuelve en cada una de las temporadas es plantearnos qué nos debemos los unos a los otros.

A medida que los personajes van evolucionando, sus relaciones también y se va reflejando de formas cada vez más específicas que el sentido de ser buena persona no nace de nuestro deseo de recibir una recompensa en El Más Allá (como muchas religiones indican), sino de los vínculos que creamos con otras personas y nuestro deseo innato de tratarlos con dignidad.

Cuando las cosas empiezan a torcerse en El Lado Bueno, llega un momento en que Eleanor, Chidi, Tahani y Jason se verán impulsados a ayudarse los unos a los otros, incluso aunque no se soporten. Es esa empatía irremediable y esa voz de la conciencia lo que hará que decidan ayudarse, en vez de ir por libre.

Y aunque esta sea la cuestión más relevante y la principal de la serie, The Good Place filosofa y enreda sobre todo tipo de material ético como el libre albedrío frente el determinismo, el optimismo contra el realismo, la aceptación de la muerte o la importancia de conocerse a uno mismo para poder mejorar como individuo.

Te hace cuestionarte dilemas que quizás no te habías planteado nunca y te ofrece respuestas a preguntas que quizás llevabas haciéndote mucho tiempo. Y sí, ofrece las respuestas oficiales de las diferentes escuelas de pensamiento, pero también deja espacio al espectador para dar con su propia respuesta.

Todo ello con una intricada trama, con giros de guion mediante, y situaciones irremediablemente cómicas. En definitiva, una serie que haría mucho bien a cualquiera que se anime a verla, algo que no puedo decir de la mayoría de productos televisivos de éxito en la actualidad.

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