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‘Atrapados en la oscuridad’, una road movie sangrienta con tintes de venganza

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Existe una fascinación especial por aquellos largos viajes en carretera, recorriendo kilómetro tras kilómetro en la oscuridad de la noche, viendo desaparecer ante tus ojos cada señal de tráfico y perdiéndote en las fauces de la naturaleza mientras devoras esa bolsa de ganchitos que has comprado en la última gasolinera en la que paraste. Es una experiencia única, con un encanto propio y que, desde luego, no siempre acaba como esperas.

Con esa premisa arranca Atrapados en la oscuridad, el prometedor debut como director de James Ashcroft en el cine, al que ya habíamos visto como actor en icónicos títulos serie B del cine neozelandés como Ovejas asesinas (2006) o Fresh Meat (2012). La cinta se ha presentado en festivales como Sundance y Sitges.

Alan (Erik Thompson) y Jill (Miriama McDowell), modélicos padres de familia, disfrutan de un viaje junto a sus dos hijos adolescentes, cuando deciden detenerse a hacer un picnic en un imponente valle. Pero esta idílica estampa familiar se ve interrumpida por la llegada de dos siniestros vagabundos. A partir de ese momento, un inesperado giro de la trama los envuelve en una espiral de violencia.

Tubs (Matthias Luafutu) en ‘Atrapados en la oscuridad’ (Coming home in the dark)

De hecho, este no es el único plot twist impactante del guion, que fue premiado en el festival Terror Molins, sino que a lo largo del metraje se ejecutan varios con gran precisión, lo que lleva a la cinta a ser una sorpresa casi constante para el espectador.

Y es que, lo que comienza siendo una road movie sangrienta con influencias del género como Wolf Creek (2005) o Joy Ride (2001), va desembocando en un duelo de titanes con conexiones al pasado entre Alan y el más perturbador de los dos asaltantes, Mandrake, al que da vida un enorme Daniel Gillies (Crónicas vampíricas), sin duda la mejor interpretación de la cinta.

La fotografía y los efectos de sonido juegan un papel clave en el filme, haciendo de la naturaleza y los monumentales paisajes australianos un telón de fondo en el que reflejar la tensión, la violencia y la furia de los personajes.

Explícita y despiadada, la ópera prima de Ashcroft mantiene el ritmo durante casi todo el metraje, desinflándose ligeramente en el tramo final, pero preservando esa oscuridad de la que hace gala su título. Pero, más allá del horror de la muerte y la violencia, lo que más perturba y consterna es la oscuridad de los personajes, la ausencia de compasión, el vacío de unas almas a las que ya no les queda nada.

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