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Victor Frankenstein: jugando a ser Sherlock Holmes

Igor (Daniel Radcliffe), un joven payaso jorobado, es rescatado del circo donde trabaja por un excéntrico científico llamado Victor Frankstein (James McAvoy), quien se encuentra en pleno proceso de su más ambicioso proyecto, el que para poder ser llevado a cabo requerirá romper los límites de la sociedad y de ambos.

En 1818, Mary Shelley publicaría Frankenstein, o El moderno Prometeo, novela en la que desarrollaría temas tales como la ética científica, la figura religiosa de Dios, la muerte y la locura humana. Con estos tópicos dio forma a una historia que oscilaba desde la fantasía al terror, y donde se incluían implícitamente procesos de cambio en la sociedad de entonces, tales como el advenimiento de una época industrial y el desarrollo científico.

El guión de Landis nos hace recorrer varios géneros, a los ya mencionados se suman el thriller y la comedia, aunque el verdadero atractivo de Victor Frankenstein está en el impecable trabajo de sus protagonistas, quienes logran infundir cierto grado de profundidad a conflictos que quedan eclipsados por una narrativa que celebra las situaciones antes que los acontecimientos, más preocupada de entretener que de comprometerse con los temas de fondo propuesto décadas atrás por Shelley.

Por otra parte, y a diferencia de otras películas basadas en la creación de Shelley, esta retoma y recuerda al personaje muchas veces olvidado de Victor Frankenstein, el científico del cual proviene el nombre de la bestia.

Londres

La historia comienza en medio de las experimentaciones de Frankenstein, con un Londres en plena expansión industrial como telón de fondo, un tiempo aparentemente progresista pero aún temeroso de sus ambiciones. Sin embargo, a diferencia del relato original, la criatura en cuestión opera como apéndice del arco de Victor y sirve para consagrar su relación con Igor, antes que significar su condena. Porque el verdadero “monstruo” cuya apariencia inspira las peores reacciones es Igor, quien al comienzo de la película sufre del maltrato y la crueldad de sus captores. Mientras que la motivación de Victor no es tanto desafiar a Dios, sino reemplazarlo.

Frankie

Desde la perspectiva de Igor, Victor aparece no sólo como un paria de la comunidad científica londinense, con nulas habilidades sociales y metodologías censurables, sino también como un científico visionario y generoso, capaz de reconocer en un payaso (literalmente) un talento digno del más laureado médico, un hombre que además de rescatarlo y darle un nombre, también le entrega un propósito y herramientas para conseguirlo. En este sentido, la adaptación de Max Landis y Paul McGuigan es más un drama centrado en el conflicto que les supone a los protagonistas ser el complemento del otro.

La bondad de Igor ayuda a contrarrestar el efecto del “genio soberbio” de Victor. En este sentido, la película nos recuerda a la amistad en torno a la que gira Sherlock (BBC), serie de la que además hereda las gráficas del pensamiento de sus protagonistas, el suspense de sus persecuciones y con la que comparte la aparición de Mark Gatis y Andrew Scott, quien en un gesto similar al de Moriarty, representa la oposición a la soberbia de Frankenstein con su devota fe, aunque ambas actitudes coinciden en el autoconvencimiento y provienen del dolor de la pérdida. Y es aquí cuando la película entra, por fin, en el territorio de los cuestionamientos morales respecto a los márgenes que separan la vida de la muerte, y la irrevocabilidad de esta última.

Frankie y Turpin

La trama, si bien enfocada y contada desde la visión de Igor, no logra centrarse en ningún momento dando palos de ciego, yendo del humor, a la acción –a veces recuerda al Sherlock Holmes de Guy Ritchie (2009)-, al terror e inclusive experimentando en ciertos momentos con un relato romántico, no concretando y consolidando ninguno de los anteriores de una manera eficiente, lo que genera, ya llegado el final, que la sensación sea únicamente de confusión mezclada con un poco de inocente diversión, dejando un sabor agridulce. Dado su final, intuimos que habrá una segunda parte. Desde aquí deseamos que se centren y sepan sacar aún más partido a sus protagonistas y las andanzas de esta particular adaptación de la novela de Shelley.

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