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Crítica del nuevo disco de BTS ‘Map of The Soul: 7’

Crítica de Map of The Soul 7

BTS publicó su nuevo disco Map of The Soul: 7 el 21 de febrero y ya ha batido récords de ventas masivos, convirtiéndose en el disco más vendido a nivel mundial de lo que llevamos de 2020. Dese luego, ya no cabe duda de que este grupo de k-pop de 7 integrantes que debutó hace ya 7 años es un fenómeno global.

Su anterior trabajo, Map of The Soul: Persona (publicado en abril de 2019) iniciaba una nueva saga conceptual para el grupo basada en los principios de individuación de Carl Jung. Así, cada álbum estaba destinado a centrarse en las partes de la psique que Jung consideraba esenciales aceptar para llegar a conocerse a uno mismo y mejorar como individuo.

Este primer EP se centraba en la persona, la máscara que nos ponemos para afrontar la sociedad, y el disco estaba pensado como una carta de amor a sus fans. Mientras que Map of The Soul: 7 iba a centrarse en la sombra, todos los miedos y cosas que reprimimos porque creemos que no serán aceptadas por la sociedad. Sin embargo, en última instancia se decidió introducir el outro de Ego, la parte de la psique que pone a raya a la sombra y nos hace encontrar nuestro centro.

Como consecuencia, lo que iba a ser solo un EP ha pasado a ser un álbum de estudio con dos partes: una primera con 5 canciones del EP anterior y 7 canciones de un tono más oscuro y otras 7 con un tono enteramente positivo. Diré desde el principio que lo que hace que este disco sea más especial que el anterior es que es más personal, tanto en su cara más oscura, como en la más positiva. Aunque, siendo BTS como es, de todas formas nunca podríamos haber tenido un álbum completo lleno de miseria y tristeza, si hay algo que identifica a este grupo es que siempre mandan un mensaje esperanzador, a pesar de todo.

En el álbum podréis encontrar la versión completa del tema.

Y en este sentido, qué apropiado es que sea Suga (uno de los miembros que se ha abierto sobre la depresión que sufrió durante años) el que inicia la etapa oscura del disco con su Interlude: Shadow. Una de las muchas joyas que podemos encontrar en este proyecto.

Como el grupo se ha propuesto revisitar su pasado con esta nueva etapa, es idóneo que Suga haya escogido como base para este tema el beat de Intro: OH!RUL8,2?, primera canción de su primer álbum de estudio. Sin embargo, al sonido de la alarma que ya conocemos, le sucede la instrumental a la inversa, como si se tratase de un vinilo que se hubiera dejado en bucle, olvidado en alguna habitación fría y oscura.

Entonces, con la percusión todavía sobria y austera, llega la confesión abrupta de Suga: “I wanna be a rapstar, I wanna be the top…” mostrando los deseos más ambiciosos del Suga de 2013, que ya por aquel entonces afirmaba querer “una casa grande y coches y anillos grandes”. Desde luego, siempre puedes confiar en Suga para que se abra en confesiones de los más personales con cambios de flow que sientan orgánicos y a la vez inesperados. Es, sin duda, un artista que sabe cómo sorprender al oyente y tenerlo enganchado hasta el final de la canción.

No obstante, es el estribillo cantado lo que causa mayor impacto porque ya sabemos que Suga sabe rapear, es su especialidad. Sin embargo, cuando un rapero se atreve a cantar, está sacando su lado más vulnerable y ese estribillo realmente sienta como una catarsis, con esa letra agridulce en la que pide que no le dejemos brillar más para no ver más alargada su sombra y ese solo de guitarra fluyendo de fondo de forma descarnada, que además enlaza sónicamente con Dionysus, el último tema de Persona. De hecho, la guitarra eléctrica será un instrumento que seguirá apareciendo a lo largo de todo este disco.

Hasta el segundo estribillo, Suga ya había demostrado todo lo que tenía que demostrar, pero no contento con eso nos regala la última estrofa. Aquí la sombra cobra protagonismo y todo se vuelve más animalístico: los adlibs son casi guturales, su voz se llena de autotune, pero también de agresividad y casi demencia, los sintentizadores revelan sonidos siniestros y espeluznantes y el beat trapero nos traslada a otra dimensión, nos abre la puerta al resto del disco.

Y el trap llega para quedarse con Black Swan, quizás una de los temas más “relajados” de BTS. Aunque se hiciera una edición especial para el video en colaboración con la compañía de danza eslovena MN con una instrumentación mucho más compleja, dominada por un conjunto de cuerda, esta versión de la canción también es altamente adictiva.

El beat es simple y directo y se repite durante toda la canción y esto es un problema para algunos. Sin embargo, creo que el trap en su estilo de percusión repetitivo es muy bueno para crear un hilo de pensamiento en el que sumergir al oyente. Y en este caso, el bucle de la percusión se asemeja a las olas por las que podría estar nadando ese cisne blanco que necesita convertirse en cisne negro para sobrevivir y no morir ahogado.

Porque sí, los idols más poderosos del mundo también tiene miedo a la incertidumbre, al qué pasará si ya no disfruto de la música como antes, qué pasa si un día siento que no pertenezco a este mundo. Necesito profundizar en mis miedos hasta aceptarlos y poder vivir con ellos, y es entonces cuando seré más fuerte que nunca. Ese es el principal mensaje de este disco y el que resurgirá también más tarde en ON.

Con Filter, de Jimin, cambiamos totalmente de tercio. Del trap a un tema sensual al más puro estilo latino, con guitarra acústica y palmadas incluidas. Desde luego, el respiro que esto da al álbum se agradece, y si hay algo que ha aprendido BTS es a dar a sus discos una variedad sónica que facilite la escucha de todo el disco de una y este no iba a ser diferente.

Con My Time, de Jungkook, llega el que en mi opinión es uno de los temas estrella del disco. Con solo escuchar los primeros compases, es fácil vislumbrar por qué se le ha reservado este tema al menor del grupo, cuyas influencias son artistas como Troy Sivan, Lauv o Post Malone. Al principio del tema, la guitarra eléctrica vuelve a hacer su aparición para dar un toque nostálgico y sensual a la atmósfera que ya se había creado con los sintetizadores de aire más soñador.

Después, el contraste entre el beat más rítmico y acelerado de las estrofas con el más legato y andante del estribillo permite expresar a nivel musical lo que Jungkook expresa en la letra: su deseo de parar el tiempo, ante lo rápido que va todo a su alrededor y poder dedicárselo a los que más quiere. Es sin duda, una canción redonda y aunque Jungkook escribiera la letra, su productor principal, Sleep Deez, merece recibir su reconocimiento por componer tal joyita.

Y si mencionábamos antes a Troye Sivan como inspiración, en Louder Than Bombs lo encontramos como uno de los co-compositores. Esta colaboración era una de las más esperadas para el grupo debido a la de sobra conocida admiración entre ambos. Aquí se cumple uno de los métodos operandi de BTS: letras llenas de tristeza y sentimientos agridulces con un escape acústico tanto a nivel instrumental como vocal lleno de sensualidad. De nuevo, son los raperos los que se encargan de dar agilidad al tema, que podría ser algo más pesado de lo que se podría pretender si solo contásemos con la parte vocal. De nuevo, Suga es el maestro tanto a nivel de producción como de flow para conseguirlo.

Y llegamos a ON, el single destacado del disco, para el que BTS ha realizado tanto un videoclip, como una video performance. Aunque al final del álbum podamos encontrar un remix con una pequeña colaboración de SIA, poco tiene que aportar a la versión original. ON puede que sea el mejor single que ha lanzado BTS desde Fake Love.

Es claramente un himno para el grupo. No solo por tener la fiereza y dignidad propias de BTS en su letra, sino por la potencia que descansa en la línea de percusión y trompetas de la banda universitaria que suena en la instrumentación y el coro gospel que no tiene mucho protagonismo, pero que se intuye y rellena todo el espacio de un vibrato magnífico.

Y aun con todos esos elementos, no hay nada en la estructura de ON que suene forzado. Todo está meticulosamente pensado y encajado, como las piezas del engranaje de un reloj suizo, y aun así se siente también la libertad creativa con el break-down de J-hope, el maravilloso puente de Jungkook o el apartado creado especialmente para el dance-break de la actuación en directo y que no forma parte de la versión de estudio. Con ON, BTS se ha preparado para enseñarle al mundo todo lo que tienen que ofrecer.

Llegamos a UGH, el tema de los tres traperos de BTS, que sinceramente, estaban totalmente desperdiciados en el EP de MOTS: Persona (si excluimos a RM por su Intro). Aunque de primeras su sonido ultra-agresivo acompañado de disparos y armas cargándose aquí y allá en ese beat algo siniestro pueda provocar algo de shock en el oyente, podrá entenderse algo mejor cuando nos dirijamos a la letra del tema.

Aquí J-hope, RM y Suga focalizan su rabia en expresar su repulsa por los haters. No solo los haters de BTS, como ya hacían antaño en sus Cyphers, sino por los haters en general. Aquellas personas que se dedican a incendiar las redes dejando comentarios de odio. Y no es un tema que tomar a la ligera, teniendo en cuenta los numerosos casos de suicidios que se han dado en el mundo del k-pop recientemente. UGH es una master class sobre cómo usar el poder que se te ha otorgado para combatir la negatividad que hay en el mundo y encima, hacerlo con swag.

Y de esta inmensa demostración de ira, pasamos a 00:00. Una agradable balada de los cuatro vocalistas en los que se habla de las doce de la noche como una hora mágica que permite empezar desde cero y pasar a un nuevo día en el que olvidemos todas nuestras preocupaciones. Un tema perfecto para dar paso a la lista de canciones positiva del disco.

Inner Child (interpretado por V) ha sido producido por el dúo Arcades, productores también de Mikrokosmos, canción que ha resultado ser un gran himno para los conciertos de la última gira de BTS. Y con Inner Child pasa lo mismo que en su día pasó con Mikrokosmos, en concierto probablemente sea una de las canciones más especiales, pero en el disco esa parte de himno se pierde un poco sin esa experiencia en comunidad.

Friends de Jimin y V es una de los temas más adorables que nos ha dado BTS. Un canto a la amistad entre estos dos integrantes que se conocían ya antes de formar parte del grupo. Una especie de Hay un amigo en mí del k-pop con coro gospel incluido que ha hecho las delicias de sus fans.

Moon es un gran cambio para Jin, que nos tenía acostumbrados a cantar magníficas pero trágicas baladas como Epiphany o Awake y que ahora pasa a algo mucho más ligero y fresco. Con referencia al sonido de los Beach Boys incluida. Por su parte, Respect es un tema algo juguetón y menos vistoso del dúo RM y Suga que solo resalta porque pocas veces los habíamos visto trabajar en unísono.

La lista de colaboradores es especialmente larga para We are bulletproof: the Eternal, pero entre ellos destaca un nombre: DJ Swivel, autor del Forever Mix de Euphoria que consiguió embellecer aún más si cabe el famoso tema en solitario de Jungkook. Ese piano melancólico que comienza el tema y las cuerdas que lo terminan nos recuerdan mucho a su toque en el remix. La canción es un paseo nostálgico y etéreo por toda la travesía de BTS, y a diferencia de lo que ocurre con Inner Child, este tema sí que funciona tanto con cascos como vaticino funcionará en concierto.

Y como no podía ser de otra manera, si RM había hecho la Intro para Persona y Suga el interludio para Shadow, J-hope termina el álbum con Ego, tomando como base intro: 2 cool 4 skool (2013). Desde luego, siempre podemos confiar en J-hope para romper todos los moldes e inventar unos cuantos nuevos de formas y coloridos maravillosamente raros.

Las trompetas, los ritmos africanos, el coro gospel, los ad-libs llenos de sentimiento hacia el final… Si no se te mueven los pies solos escuchando esta canción, es que hay algo que no anda bien. Lo mismo necesitas otro mapa para encontrar tu alma.

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Fundadora, editora y Community Manager de 'No Submarines'. En 2015 fundé 'No Submarines' para tener un espacio propio para dar rienda suelta a tres de mis pasiones: el cine, la música y la escritura. También escribo en 'Cine Divergente'. Cuento con el título de Periodismo Cultural ofrecido por la Escuela Revista de Letras junto con la Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès y he realizado el curso de Historia y Análisis Fílmico de La Casa del Cine, además del curso de Community Manager y Social Media de Implika.

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